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Sociedad

09.11.08 -

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Nadie es perfecto, sino pluscuamperfecto
Se cumplen ahora 200 años desde que Napoleón Bonaparte cruzó el Bidasoa a la cabeza de un ejército compuesto por 250.000 soldados. Hizo noche en Tolosa antes de proseguir viaje hacia Vitoria vía Zumárraga, donde cerca estuvo de ser asesinado. Sucedió que el guerrillero Fermín Pildain se apostó en una ventana frente al puente de Zubimusu para descerrajarle un tiro, pero llegado el momento, a la vista del impresionante cortejo que acompañaba al emperador, le tembló el pulso y no se atrevió a disparar.
¿Y si Pildain, superando el canguelo, hubiera apretado el gatillo y hecho diana sobre el corazón del corso? Europa no habría conocido el Gran Imperio francés. Sin el Código Civil napoleónico que sentó jurisprudencia en todo el continente, las ideas revolucionarias no disfrutarían de tan rápida expansión; a resultas, la esclavitud no se habría abolido en Europa contagiando a América sino hasta mucho más tarde. Por lo que Estados Unidos no tendría hoy un presidente negro. En conclusión: el éxito de Obama es deudor del fracaso de nuestro Fermintxo Pildain.
Lo anterior es una ucronía: o sea, una reconstrucción lógica -y admito que algo exagerada- de la Historia contemporánea fundada sobre la hipótesis de que una tarde de noviembre de 1808 un guerrillero guipuzcoano hubiera ejecutado su propósito de matar a Napoleón.
Además de un juego imaginativo, las ucronías tienen la virtud de iluminar el presente desde su parte más aleatoria e indeterminada. Porque, bromas aparte, todo cuanto existe es la consecuencia de un encadenamiento de causas que han generado efectos: en cada uno de nosotros culmina una posibilidad que un día fue lejanamente hipotética pero ha tenido a bien realizarse. Cualquier azar, la más insignificante brisa del destino, pudo haber roto algún eslabón de la larga cadena al final de la cual nos hallamos nosotros, y el instante presente no sería.
Pensemos que, según el cálculo hecho por el profesor Jorge Wagensberg, el número de total de seres humanos distintos posibles, resultado de todas las combinaciones cromosómicas humanas, representa una cifra tan larga que se necesitarían unas 200.000 páginas para escribirla. Y aquí estamos usted y yo, no como seres potencialmente posibles sino vivitos y dando guerra (aunque una guerra distinta a la de Fermintxo, por fortuna).
Desde esta perspectiva, es de reconocer que toda existencia tiene algo de excepcional: me arriesgo a decir, de sagrado. Y apetece por ello imaginar que cada cual posee una biografía ucrónica propia inscrita como una intuición de otras vidas no realizadas. Nadie es perfecto, pero todos podemos conjugarnos en pluscuamperfecto. Piénselo: ¿qué hubiera sido de usted si...?
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