S ON dos hermanos muy conocidos en el ambiente bidasotarra, sobre todo por su relación con el golf. Nacieron hace 68 años en Lasarte, pero desde 1967 viven en el irundarra barrio San Miguel y trabajan en el Real Club de Golf de San Sebastián, que está ubicado en suelo hondarribiarra. Son biskis (gemelos), aunque Jesús Arruti Lizaso nació unos minutos antes que José. El mayor estuvo casado con Rosarito Intxausti, con la que tuvo a Jesús Mari, Andoni y Jon. Ahora está unido a Erika Stengler. La mujer de José es Mari Carmen Borda y son los aitatxos de José Manuel, Amaia y Marina. Los hermanos se llevan muy bien. Tanto que antes de irse de potes con los amigos, lo hacen en pareja dándose el parte del quehacer profesional diario. Están muy agradecidos al también profesor de golf Claudio Ibarreta.
- ¿Os han recordado muchas veces que fuisteis los primeros profesores de Txema Olazabal?
- Unas cuantas. Empezó de muy crío a coger los palos, con tan sólo tres años. La familia Itarte Zaragüeta le pagaba las clases particulares. Se le veían buenas maneras. Además, le gustaba mucho, preguntaba por todo y dedicaba todo el tiempo que podía a aprender.
- ¿Cómo le véis ahora?
- La relación deportiva está rota. Cuando se hizo profesional, se hizo con un equipo de asesores encabezado por Sergio Gómez. Fue como si se colocara un biombo entre nosotros. Cuando tuvo cierto problema, volvió a acercarse y se le dijo lo que, desde nuestro punto de vista, debía hacer. Los consejos le ayudaron. Pero desde entonces, no existe relación deportiva.
- Y cómo es que a vosotros os dió por este deporte.
- En Lasarte había un campo de golf. Nosotros éramos trece hermanos, había que buscar trabajo y empezamos en ello a los 13 años. Nos gustó y hasta hoy. Yo (Jesús) soy director titulado de escuela y hemos tenido gran contacto con John Jacobs, el mejor profesor del mundo, que quiso llevarnos a su escuela.
- ¿Sigue siendo el golf un deporte elitista?
- No, hace mucho que dejó de serlo. Sí que lo fue, pero ya no. Hoy día hay muchos campos públicos, donde jugar te cuesta menos que ir a Anoeta a ver a la Real o, por ejemplo, practicar en la Hípica.
- Y fuísteis cocineros antes que frailes, ¿no?
- Nos hicimos jugadores profesionales a los 16 años, alternando el juego con la dedicación como caddyes. Para los 17 años ya ganábamos torneos en Lasarte y en Zarautz.
- Después ha habido como una especie de 'epidemia' familiar. ¿Es cosa de genes o de qué?
- Hemos metido muchas horas en el golf. Nuestras mujeres llevaban las tiendas del recinto hasta que la directiva anterior a la actual les retiró su explotación. En esas, los críos fueron mamando y amando el golf. Empezaron los seis y cinco son profesionales. Andoni se quedó al margen. Tanto Josema como Amaia, Marina, Jesús Mari y Jon tienen sus marcas y una actividad destacada.
- Desde luego, parece una bonita forma de vivir, cerca de la naturaleza, caminando mucho...
- Efectivamente, hay mucho contacto con lo natural y con lo físico. Es una forma de vida mientras los pies aguanten. Pero bueno, como también te puedes desplazar en vehículos...
- ¿Hay muchos practicantes de golf en Irun y Hondarribia?
- Calculamos que más de 250 jugadores, que no está nada mal Hay afición y muchas personas que, como Manu Sagarzazu, son muy buenos dinamizadores de esta práctica.
- Pero vosotros le dás a más palos, ¿no?
- Claro. Dicen que somos una pareja fuerte jugando al mus. Nos gusta mucho y ya tenemos nuestros trofeos. También nos encanta el deporte en general y el fútbol en particular. Íbamos siempre a Gal hasta que Pascual Dorronsoro cesó al entrenador Pello Iguaran, que también era golfista, además de amigo.
- Hay otro amigo que lo está pasando mal, como Seve Ballesteros.
- Sí, ya ha jugado por aquí más de un torneo. En el peor de los casos, el golf perdería a uno de sus mejores practicantes. Pero a ver si recupera la salud. Mira, éste es otro ejemplo más de que se puede llegar a lo más alto desde una procedencia humilde.