Ahora que la crisis enseña los dientes quizá no sorprenda hablar de penurias económicas, pero el casi 20 por ciento de hogares españoles que vive por debajo del umbral de pobreza - de ellos medio millón en situación de pobreza y exclusión severas- es herencia de una década y media de desarrollo y prosperidad inéditos. España ha desaprovechado unos años de oro; no ha redistribuido la riqueza generada ni ha recortado los índices de pobreza, que siguen donde estaban e principios de los 90. Ahora, la probable recesión económica puede cebarse en los colectivos más vulnerables, mayores, niños, mujeres e inmigrantes.
El VI Informe FOESSA de Cáritas, presentado este martes, certifica un fracaso que "es de todos", afirmó Silverio Agea, secretario general de la organización. De los gobiernos del PSOE y del PP, de las comunidades autónomas, de los ayuntamientos, de los poderes económicos, del cuerpo social en su conjunto. Lo dice con perspectiva porque el estudio - elaborado por más de 70 expertos- radiografía la evolución socioeconómica española entre 1994 y 2007.
En ese tiempo la brecha de la desigualdad se ha agrandado, interna y externamente.
1,5, millones con privaciones muy graves
Aquí la riqueza generada por unas tasas de crecimiento muy superiores a la media europea se ha concentrado en pocas manos. Las rentas de los hogares ubicados en el 80 por ciento más rico de la población española son 5,3 veces superiores a las del 20 por ciento más pobre. En la UE-25 esa diferencia es menor, de 4,7 veces.
El informe FOESSA no descubre nada desconocido pero compila de manera exhaustiva datos de estos años y perfila con ellos un retrato decepcionante. Uno de cada cinco hogares españoles (casi el 19,7 por ciento) sigue por debajo del umbral de la pobreza. Una línea que el Instituto Nacional de Estadística fija en los 6.895 euros por persona y año, y a la que no llegan casi 8,5 millones de españoles.
También resisten enquistados desde principios de los 90 porcentajes inadmisibles de pobreza severa y extrema; entre un 3 y un 4 por ciento de la población - 1,5 millones de españoles- sufre privaciones graves o muy graves en alimentación, vivienda, salud, etc., y un porcentaje de entre el 2 y el 3 por ciento sobrevive en condiciones de penuria manifiesta. Por comunidades, las de mayor tasa de pobreza son Extremadura, Ceuta, Castilla-La Mancha y Andalucía. Las que cuentan con menos pobres oficiales, Navarra, País Vasco y Baleares.
"Se ha consolidado en la estructura social una pobreza severa que no varía, lo que supone un déficit estructural de distribución a los sectores más vulnerables de la sociedad", recalcó Agea.
Más aún, resurgen manifestaciones de las "viejas formas de pobreza" que se creían superadas: en las personas mayores, que han visto cómo sus rentas se alejaban de la media del resto de la sociedad, o entre la población infantil - uno de cada cuatro niños vive en hogares por debajo del umbral de la pobreza, una de las tasas más altas de la UE-25.
Además de la pobreza crónica, existe la llamada 'recurrente'.
Casi el 44 por ciento de los españoles sufrió en algún momento situaciones o períodos de pobreza en los siete últimos años.
Modelo incompleto
Estos datos revelan otros puntos negros del último 'milagro' español. Desmienten que el empleo cure todos los males de la economía y restañe por sí solo las carencias de las políticas sociales. Estos años han sido los de mayor ritmo de creación de puestos de trabajo de la historia reciente, muy por encima de las tasas europeas, y también los de mayor prevalencia de salarios 'basura'. Y certifican, sobre todo, el fracaso de un modelo social de bienestar que ha echado el freno mucho antes de despegar. El gasto público en protección social sigue 7 puntos por debajo del promedio de la UE-15. Mal dotada de fondos - el precio de las sucesivas bajadas de impuestos-, mal diseñada y con grandes diferencias territoriales, la red de asistencia deja mucho que desear para segmentos crecientes de la población. Se atenúa la miseria dramática pero a los más pobres no se les saca de pobres.
Más que transferir rentas a los hogares - cheques bebés, rebajas impositivas, etc.- los autores apuestan por tapar las grietas del sistema de servicios sociales. "Nos hacen falta servicios; gente que trabaje con gente" en sanidad, educación, dependencia, etc. "Quién gestiona el servicio es secundario", recalcó Miguel Laparra, profesor del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra.
Inmigrantes, candidatos a la exclusión
El estudio también incide en la exclusión social, coincidente a veces pero de naturaleza distinta a la pobreza. Excluidos, al margen del bienestar y las oportunidades que ofrece una sociedad moderna como la española, está un 17 por ciento de los hogares españoles. Un 5,3 por ciento sufre exclusión severa. Etnias como la gitana y colectivos de inmigrantes son candidatos perfectos a la exclusión.
Capítulo aparte merece la inmigración. Casi el 50 por ciento de los inmigrantes llegados en los últimos años se ha arraigado sin problemas. Es el dato positivo. El negativo es que aumenta la percepción y las actitudes negativas de los españoles hacia el fenómeno migratorio.
La crisis económica trae consigo riesgos añadidos para la población más vulnerable, pero también una oportunidad de hacer bien lo que se ha hecho mal en bienestar social y redistribución de la riqueza. "En los momentos de crisis es cuando se pueden cambiar estos modelos", apostilló Laparra.