El proyecto de candidatura donostiarra a la Capitalidad Cultural Europea 2016 ha abierto hasta diciembre un plazo de consultas y aportaciones ciudadanas que se plasmará en la presentación de los ejes del programa el próximo mes de febrero. Frente a la convocatoria de un concurso de ideas adoptado por otras ciudades, Edorta Azpiazu apuesta por la participación como única fórmula para «que la gente sienta como propia la candidatura».
- Las jornadas celebradas en el Victoria Eugenia hace tres semanas, ¿qué han supuesto?
- Fueron el punto cero del proyecto que vamos a tener que presentar al comité que decida qué ciudad será la Capital Cultural. No hemos querido partir de un comité de cuatro personas excelentes de la ciudad que nos digan cuáles tienen que ser los ejes del proyecto, sino que lo que hemos decidido metodológicamente es preguntar a creadores, asociaciones y colectivos, a través de diversos cauces, cómo lo ven y cómo se ven en este proyecto.
- Se habló de presentar una candidatura temática, basada en la ecología o en los derechos humanos.
- El proyecto debe tener un anclaje muy claro en la ciudad y debe contar con una cierta lógica global que haga de paraguas de esa diversidad de contenidos. Y tienes que poder definirla y transmitirla de una forma fácil.
- En el caso de Donostia, ¿cuál es esa idea?
- No lo sé. Tenemos previsto tener una o dos ideas tractoras del proyecto en enero o febrero. En ese momento, someteremos los ejes del proyecto a consideración de un foro amplio como fueron las pasadas jornadas.
- En las jornadas se habló de que la situación geográfica de Donostia, en el eje atlántico, jugaba a favor. ¿Es cierto?
- Lo que estamos viendo en todas las candidaturas es que se trascienden los límites municipales. Tenemos muy claro que nuestro proyecto tiene que ser de Euroregión, enlazando con ciudades cercanas como Burdeos. ¿El eje atlántico nos favorece? Como no hay criterios claros que determinen la selección, porque Europa no los dice, y tampoco hay fallos razonados de por qué ha elegido una ciudad y no otra, existe mucha mitología al respecto. Parece que uno de los criterios que se manejan es el equilibrio geográfico. En el arco atlántico no ha habido ninguna ciudad que haya sido Capital Cultural Europea, salvo Santiago de Compostela, que está en uno de los extremos, lo cual quizás nos puede favorecer. Ahora, podemos defender uno de los ejes de defensa de la candidatura de Burdeos. Pero todo esto es mitología.
- De hecho, a Burdeos no le ha funcionado de cara a 2013. Se insiste en que el intento ya vale la pena. Si no saliese para 2016, ¿se mantendría la candidatura para futuras opciones?
- Es difícil, porque se manejan unos calendarios larguísimos. Europa predetermina a qué paísesles toca la capitalidad. Si a España le toca en 2016, la siguiente vez sería dentro de muchos años. Tienes que hacer un proyecto honesto que ancle con tu país, que sea vivido por la gente y que sea útil para tu territorio. Esto supone que tienes que preguntar a la ciudadanía, tienes que aprovechar esta excusa para liberar determinados recursos económicos y personales para hacer cosas despegadas de la cotidianeidad que manejan Donostia Kultura o la oficina de Turismo. Hay determinados ejes de trabajo que en los próximos dos o tres años van a mejorar la ciudad, más allá de que seamos la elegida o no.
- ¿Por ejemplo?
- No tienen por qué ser temas estrictamente culturales. Por ejemplo, la apertura a Europa. Que conozcamos otras ciudades y nos conozcan. Que perdamos el miedo y nos acerquemos al norte de Europa o a países que recientemente se han incorporado a la UE. Otro asunto son las relaciones interinstitucionales, que sí existen, pero que siempre se reducen a cuestiones inmediatas. Esto nos permite en un medio plazo abordar con tranquilidad y con instituciones de otro rango -tanto Diputación y Gobierno Vasco como de otras ciudades- cómo podemos hacer algo conjunto y cómo aprovechar los recursos propios.
- ¿Surgirán los celos por problemas de liderazgos?
- Tanto Diputación como Gobierno Vasco prestan apoyos formales a nuestra candidatura y hemos empezado a preparar ya una segunda ronda de encuentros. Como Ayuntamiento tenemos una visión pero, evidentemente, tenemos que hablarlo y concretarlo. Es evidente que el liderazgo fundamental es de la corporación municipal. Cómo se participa en los órganos de decisión, en aspectos financieros o de concreción del programa es lo que se está discutiendo.
- Parece ser que, más allá de los programas consolidados, se valoran los proyectos a realizar.
- Sí, lo que pide Europa es que no se le presente lo que ya se está haciendo, sino que se aproveche la oportunidad para ofrecer un plus, un abordaje de retos. Tener una riqueza arquitectónica, ser Patrimonio de la Humanidad, tener muchos festivales y una gran dinámica cultural está muy bien, pero lo que se pide es que se presente algo que trascienda todo esto.
- ¿Conlleva algún tipo de prestación económica la designación?
- Sí, la ayuda económica europea no es muy relevante en términos económicos. Esa nominación permite liberar concurrencia económica público-privada que se multiplicaría con motivo de este proyecto. En este sentido, nos vamos a dirigir a las empresas guipuzcoanas en busca de implicación y financiación. Hay unos beneficios indirectos en tanto que es algo que atrae a muchísima gente.
- ¿No será otro mito?
- Bueno, esto es como los Juegos Olímpicos. El fracaso económico de los de Montreal aún debe estar en el cerebelo de sus organizadores, pero los éxitos indudables de otros proyectos han reforzado la idea de oportunidad. En esto también te encuentras con unos programas exitosos, otros que no han pasado a los anales de la historia y otros que han sido fracasos económicos. Lógicamente, tenemos que fijarnos en los primeros.
- Hay quien teme que todo esto se traduzca en un programa de macroeventos y se olviden las actividades culturales más modestas.
- Tengo una carpeta llena de ideas surgidas tanto en las jornadas como entre particulares y asociaciones, y ninguna defiende que haya más teatro, un festival más de cine, más mercados de artesanía. Al contrario. Si bien otras ciudades han fijado su atención en el hecho de que todo debe dirigirse hacia un activismo -es decir, más cositas-, nuestra carrera no puede ser «tenemos un Kursaal, vamos a hacer otro; o tenemos 27 festivales, vamos a hacer 33». Debemos aprovechar la oportunidad para abordar cambios estructurales, no necesariamente de infraestructuras o inversión, sino cuestiones de estrategia. Ahora, entiendo que en proyectos atípicos siempre tiene que haber una cierta mirada escéptica de parte de la población. Nuestra obligación es ofrecer participación, escucharles y convencerles.
- ¿Cómo podría participar o aportar ideas quien lo desee?
- Estamos recibiendo propuestas a través de la web -donostia.org-, y del correo, tanto electrónico como convencional. Si no encuentra un cauce adecuado, simplemente, venga a las oficinas y nos pida hora para que lo hablemos.
- En el terreno de las anécdotas, la candidatura ya se ha convertido en piedra arrojadiza ciudadana. Si alguien tira un papel al suelo, ya hay quien se pregunta si «así queremos ser capital cultural».
- Pasa con todas las candidaturas. Ya nos lo decían en Burdeos y en otras ciudades. Es lógico. Hay que tomarlo con deportividad.
- ¿Cuáles son los activos de la candidatura donostiarra?
- Sinceramente, las personas que estamos trabajando aquí, incluidos todos los directores del Ayuntamiento y los miembros de los órganos de decisión. Por primera vez veo que se aprovechan todas las energías y se malgastan pocas. En segundo lugar, el método que hemos elegido. Hay ciudades que han sacado un concurso de ideas. Nosotros nos hemos metido en un remolino complicado consistente en preguntar a la gente. Darnos dos o tres meses, sin nervios de que nos come el tiempo. La participación es absolutamente central para que la gente sienta como propio el proyecto. Ésa es la mayor fortaleza.
- ¿Y el mayor hándicap?
- El que dijo Daniel Innerarity en las jornadas: lo bien que nos va. Tenemos una ciudad con muchas actividades. En el Festival de Cine, me entrevistaron en la radio pública polaca y me decían: «Tiene éste y otros festivales, equipamientos, Tabakaleras, ¿por qué quieren ser capital cultural?». Así como hay ciudades que están tan mal que su propia situación es la chispa que les hace reaccionar, nosotros necesitamos otra chispa para no ir muriendo poco a poco. Ése es nuestro peligro.
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