DV. El accidente de tráfico registrado en Vitoria el 20 de febrero de 1964 que al día siguiente costaría la vida a Luis Martín-Santos (Larache, 1924) puso fin a la existencia de un marido y padre de familia, un psiquiatra de prestigio, un político con futuro y un escritor poco prolífico aunque rompedor. José Lazaro publicará el próximo mes de febrero Vidas y muertes de Luis Martín-Santos, biografía con la que ganó el pasado 25 de septiembre el Premio Comillas que convoca Tusquets Editores. En este trabajo, Lázaro combina los testimonios de una cuarentena de personas que conocíó en vida a Martín-Santos con diversos documentos, hasta completar un retrato preciso del autor.
En opinión de José Lázaro, «Martín-Santos fue un personaje sartreano, socialista, antifranquista, demócrata y liberal» con un «gran pensamiento propio y que nunca se sometió a ningún tipo de dogmas o grupos. Defendía las causas que le parecían más nobles sin someterse a ningún tipo de gregarismo». Sin embargo, pese a la gran bibliografía existente en torno a su figura y su obra -firmada principalmente por los responsables del Departamento de Hispanismo de las universidades internacionales-, el peso y la importancia de Tiempo de silencio amenazan con eclipsar al resto del personaje.
El libro de José Lázaro recorre a través de los documentos y testimonios recopilados cada rincón de la vida del escritor: desde su trato con los pacientes y anécdotas de su consulta hasta su paso por la prisión, su participación en las tertulias de la Academia Errante y su relación con San Sebastián. Sobre esta última, el libro recoge un texto de Mario Vargas Llosa en el que cuenta la invitación que recibió de Martín-Santos para visitar la capital guipuzcoana, en donde le llevó a comer al restaurante Juanito Kojua. «Se reía del tornillito de oro, esa especie de ensimismamiento de algunas personas sobre sí mismas, que les lleva a pensar que 'lo que nosotros tenemos es lo más maravilloso del mundo'. Se burlaba de esas cosas y algunos lo interpretaban como una burla a lo vasco. No lo era en absoluto», apunta Lázaro. El estudio da cuenta de tres intervenciones de Martín-Santos sobre Barandiarán, Lope de Aguirre, y Baroja y Unamuno.
En cuanto a la temática de su obra, el autor de la biografía señala que «la obra de Martín Santos no era especialmente vasca, en el sentido de que tanto la psiquiátrica como la literaria son totalmente cosmopolitas. Su influencia teórica básica era Jean-Paul Sartre, su novela está influida por James Joyce y por la literatura más avanzada de su época... Es un hombre universal». Lázaro considera que «si en el mundo de la cultura vasca hay figuras centrífugas -las que intentan tomar la savia de su creación de las raíces del pueblo vasco- y centrípetas -las que intentan absorber lo mejor de la cultura mundial-, Martín Santos pertenece claramente al segundo tipo».