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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Cultura

ARTE, TRASLADO EN CHILLIDA-LEKU

El museo vivió una compleja operación logística para trasladar a Alemania ocho grandes esculturas

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DV. Chillida Leku muda de piel hasta el próximo mes de marzo. Ocho esculturas de gran tamaño viajan en estos momentos por Europa en dirección a la localidad alemana de Wuppertal para protagonizar la inauguración de un nuevo museo al aire libre. La mayoría de las obras deslocalizadas del Museo hernaniarra han sido ya sustituidas por otras piezas, de modo que el visitante no eche de menos a las ausentes y tenga, además, la oportunidad de contemplar otras esculturas menos expuestas. En total: más de ochenta y cinco toneladas de acero, granito y alabastro para cuyo desplazamiento han sido necesarios varios camiones y grúas que han operado desde el lunes por la tarde hasta ayer al mediodía.
El motivo de esta operación logística es la inauguración el próximo día 31 del museo Skulpturenpark Walfrieden creado por el artista Tony Cragg en la localidad de Wuppertal, próxima a Dusseldorf. El propio Cragg mostró su interés personal en contar con la obra de Eduardo Chillida para la apertura de este nuevo museo al aire libre, hasta el punto de correr personalmente con todos los gastos. Sólo en seguros: 25.000 euros, a los que habría que sumar los costes de los traslados.
Las obras prestadas por Chillida-Leku son Monumento a la tolerancia, Lo profundo es el aire XII, Homenaje a Balenciaga, Elogio de la arquitectura XV, Escuchando a la piedra III, el Peine del Viento XIX y el Homenaje a Pili, trasladadas todas ellas entre el lunes y el martes. Además, la Mesa de Luca Pacioli se encuentra ya en Wuppertal desde el pasado mes de junio. Junto a todas estas piezas, el nuevo museo alemán recibirá también dieciséis obras de Chillida realizadas en papel, en su mayor parte, Gravitaciones.
Dos grúas de Alonso con capacidad para mover hasta cuarenta toneladas, y dos tanquetas de la misma firma, asistidas por cuatro operarios, han participado en la operación de carga de las obras, de cuyo traslado se encargan dos tráilers, con sus respectivos chóferes, dos operacios y un supervisor. Los dos vehículos partieron ayer del Museo y llegarán mañana a Wuppertal, en donde serán descargados y cargados en otros dos camiones, bajo la supervisión de Ignacio Chillida -director del Área de Obra y Artista de Chillida-Leku- y Fernando Mikelarena -responsable de Mantenimiento de la Obra-. Las esculturas serán trasladadas al Skuulpturenpark Waldfrieden para su instalación, que concluirá el viernes.
Ignacio Chillida asegura que aunque las maniobras realizadas esta semana son de gran calado, no lo son más que las realizadas con motivo del traslado de otras obras a Yorkshire en 2003. En aquella ocasión, el museo inglés expuso más de 70 obras de Chillida en sus 200 hectáreas de terreno al aire libre. Ignacio Chillida destaca que este tipo de iniciativas responden a la filosofía tanto de su padre como del resto de la familia, «empeñados en que el museo sea un lugar vivo, en el que las piezas no permanezcan estáticas, sino que van y vuelven, y cambian de emplazamiento». El director de Área de Obra del Museo hace especial hincapié en destacar el «entusiasmo» que el propio Tony Cragg ha puesto en el proyecto, con cuyos gastos corre íntegramente.
«Es un hombre estupendo. Se quedó maravillado cuando visitó Chillida-Leku. Es de agradecer que una persona haya creado semejante espacio con su propio dinero». La Mesa de Luca Pacioli se adelantó al resto de sus compañeras ya que fue trasladada el pasado mes de junio porque «Cragg quería aprovechar que mucha gente que pasea por esa zona de Wuppertal para ver cómo funcionaba allí».
Viaje a Wuppertal
La inauguración del nuevo museo alemán, el próximo día 31, contará con la presencia de una importante representación de la familia Chillida, encabezada por Pilar Belzunce, viuda del escultor. «Esto es como una aventura. El museo tal y como lo quiso hacer mi padre y lo queremos mantener nosotros necesita que de vez en cuando le muevan las piezas», afirma Ignacio Chillida.
«Lo normal en los museos es que no quieran mover nada, pero a nosotros nos pasa lo contrario. Cuando paseas por el museo notas que todas las piezas quieren salir de excursión». El montaje en Wuppertal se antoja aún más complicado. «La carretera que sube al museo no admite más que camiones pequeños, lo que obligará a trasladar las piezas de una en una. Además, está complicado llegar a cada uno de los lugares escogidos para ubicar las obras», advierte.
amoyano
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