DV. Los comensales no faltan nunca en el Aterpe que Cáritas tiene instalado junto a la iglesia de los Carmelitas para atender a las personas más desfavorecidas. «No sé sabe cuántas personas van a comer hoy ni mañana, pero habrá comida para todos. Aquí nadie se queda sin comer», asegura José Antonio Lizarralde, responsable de este centro social.
Nunca se sabe cuántas personas van a acudir al Aterpe a comer cada día. Sin embargo, los encargados de preparar las comidas tienen unos cálculos aproximados. Saben que a primeros de mes el número de comensales desciende. El motivo obedece a que el día 1 algunos cobran unas rentas y con ese dinero prefieren ir a comer a otros lugares. Pero a partir del día 10 el número de comensales se estabiliza en una media de 45 personas, aunque han llegado a darse comidas en el Aterpe para 64 personas en un solo día.
Y para que este sistema alimentario funcione, el Aterpe tiene distribuidos trabajos que desempeña el equipo de voluntarios. «Sin ellos esto no funcionaría», matiza Lizarralde, que aplaude la labor de estas personas que dedican una parte de su tiempo libre a echar una mano en el centro de acogida.
Cada día de la semana trabaja un grupo de voluntarios para preparar los desayunos, las comidas, las meriendas y las cenas. Los menús están elegidos para toda la semana. El lunes toca lentejas y albóndigas; el martes, alubias y filete; el miércoles, garbanzos y pizzas; el jueves, paella y pescado; el viernes, macarrones y hamburguesas. Tras el segundo plato hay un postre que varía entre yogur, fruta, arroz con leche, etcétera. Los sábados y domingos no hay menú de plato, y ambos días se reparten bolsas con bocadillos, uno caliente (tortilla o carne con tomate) y otro frío (fiambre), además de una pieza de fruta.
La comida es todos los días a las 12.30 horas. Para que todo esté listo para esa hora, a las 8.30 horas entra el primer equipo de voluntarios a iniciar los preparativos para que todo esté preparado para la hora de la comida. «Son comidas caseras y elaboradas por los cocineros voluntarios. No se dan alimentos ya elaborados solo para calentar».
El lunes, lentejas
El lunes tocaban lentejas. El chef, que prefiere no dar su nombre, al igual que el resto del equipo de voluntarios, elaboraba las legumbres con cebolla picada, zanahoria y en una cazuela aparte arroz blanco que lo añade al potaje cuando ya está éste listo. Todos los lunes preparan las lentejas y ya tienen cogido el truco para que salgan tiernas y para que no se les peguen. «Lo hacemos con cariño, ahí está el truco».
Se preparan lentejas para unas 45 a 50 personas. Si sobran, no pasa nada. «Aquí no se tira nada», puntualiza Lizarralde, «ya que si sobran lentejas, al día siguiente se pone menor cantidad del primer plato para dar salida a las lentejas del día anterior».
El ayudante del chef, que en su vida laboral fue marino, aseguraba que hasta llegar al Aterpe a echar una mano no había pisado una cocina. «En el barco me servían y en casa también. No tenía ni idea de cocina y he aprendido aquí. Llevo ocho años colaborando y en este tiempo he ido cogiendo algunos conocimientos culinarios y de vez en cuando cocino para un grupo de amigos en una sociedad. Es algo que no había hecho nunca».
El segundo plato tocaba albóndigas, pero al recibir el Aterpe un donativo de codillos, ese lunes se varió el menú.
Paella, el jueves
De todas las comidas, la del jueves es la que más aceptación. Ese día hay paella. Sin embargo, en general los comensales no se quejan de los menús y tampoco dejan de venir un día porque toquen garbanzos. «En general comen todo muy a gusto, y hasta pueden repetir del primer plato si lo desean».
Y mientras unos cocinan, otros voluntarios preparan los bocadillos que repartirán al término del ágape y que sirven de cena.
A pesar de que el número de comensales suelen ser de media 40, a desayunar acude un número superior. Para la primera comida del día se les sirve café con leche y bollería variada que dona una empresa de repostería. También hay merienda para el que acuda por la tarde al Aterpe, y pueden tomar café con leche y bollos. Al día pasan por este centro unas 75 personas a realizar una o varias de las comidas del día y durante todo este tiempo está el equipo de voluntarios, en general personas jubiladas que han decidido emplear su tiempo en echar una mano en el Aterpe, aunque los fines de semana acuden voluntarios jóvenes.