DV. El filósofo Daniel Innerarity (Bilbao, 1959), el más joven de los intelectuales y artistas que han recibido hasta la fecha el premio de Humanidades, Cultura, Artes y Ciencias Sociales que conceden Eusko Ikaskun-tza y Caja Laboral e inauguró en 1995 Julio Caro Baroja, convirtió ayer el acto de entrega del galardón en «una defensa de este peculiar oficio en una sociedad que valora más las otras ciencias, donde al parecer andarían sobrados de exactitudes y soluciones», y confió en que su concesión sea, además de «un gesto de confianza, una señal de que se espera algo de mí», un «reconocimiento hacia la filosofía y las humanidades en general, cuya importancia queda así públicamente proclamada».
Innerarity, que en la actualidad es profesor titular de filosofía en la Universidad de Zaragoza, hizo su particular homenaje con tintes de desagravio a la filosofía y las humanidades cumpliendo las expectativas que habían generado con sus elogios quienes le precedieron en el uso de la palabra: los presidentes de Eusko Ikaskuntza y Caja Laboral, Javier Retegi, y Juan Mari Otegi, respectivamente, y los representantes de las siete universidades (UPV-EHU, Universidad de Deusto, Mondragon Unibertsitatea, UNED-Bergara, Universidad Pública de Navarra, Universidad de Navarra, Universidad de Pau) que constituyen el jurado que da el premio. Además de su dimensión intelectual, todos ellos sin excepción -al igual que el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, y el lehendakari ,Juan José Ibarretxe, que cerró el acto que tuvo lugar en el Palacio Foral -, destacaron el carácter comprometido de las aportaciones de Innerarity, su impronta innovadora y su vinculación a los grandes temas sociales y políticos que constituyen los grandes retos de futuro de la sociedad actual el general y de la vasca en particular.
La verdadera innovación
Innerarity -una referencia internacional en el ámbito de la filosofía política y social y, como destacó el rector de la UPV-EHU, «un filósofo al que se le entiende»-, no basó su defensa de la filosofía en la capacidad de la disciplina de aportar soluciones sino, por el contrario, en «su capacidad para problematizar». «Los asuntos más interesantes no son las soluciones, sino los problemas», afirmó, porque «al conocimiento no le corresponde tanto producir certezas como institucionalizar la incertidumbre como principio para la producción del saber».
Reconoció Innerarity que esa concepción de la filosofía como generadora de incertidumbre es una actividad arriesgada, porque «quien se dedica a los problemas actúa siempre por encima de su competencia, aun a riesgo de que se pongan de manifiesto sus propias limitaciones.
Su carácter innovador fue uno de los rasgos que más reiteradamente pusieron de manifiesto quienes elaboraron un retrato coral del filósofo bilbaíno, y no faltaron menciones expresas y precisas a la innovación en sus palabras. Recordó que «no sólo hay innovación en las ciencias naturales», y reclamó que «la innovación social sea reconocida como una dimensión central de nuestra transformación socio-económica». Y, en línea con su concepción de la filosofía -que no es «una actividad inofensiva» ni «una distracción»- y de la función del filósofo, se preguntó si la verdadera innovación no consistirá más en «el descubrimiento de problemas nuevos, hasta ahora inadvertidos o reprimidos» que «en la invención de soluciones para problemas ya existentes».
El premiado tuvo muy presente cuál es su «centro de gravitación y qué futuro deseo para este país: una sociedad vasca en paz y presidida por valores cívicos como el respeto, la convivencia y la libertad». Y volvió a las preguntas... «¿No será que la sociedad vasca no se encuentra a sí misma porque no no nos atrevemos a hacer las preguntas correctas? ¿No nos estaremos escapando de los verdaderos debates?», preguntó.
Sugirió que ir al fondo de los problemas ayudaría a «comprender mejor a nuestra sociedad». Una sociedad «que nos está exigiendo a todos una nueva cultura política, una nueva mentalidad, una política con más ideas y menos tácticas, con más proyectos y menos maniobras, que introduzcamos una perspectiva a largo plazo y abandonemos las viejas categorías que todavía pueblan el discurso político».