Es uno de los músicos más completos -director, musicólogo, teclista- y también un gran comunicador. En su primera colaboración con la OSE, el británico ha querido diseñar un programa con lógica.
- El programa reúne a tres compositores: Strauss, Mendelssohn y Elgar. ¿Por qué ellos?
- La orquesta me propuso dirigir los Cuatro últimos lieder de Strauss y a partir de ahí decidimos diseñar el resto del programa. Con la obra de Strauss existe un problema y es que es difícil emplazarla en un lugar adecuado -las canciones no pueden estar al principio o al final de un concierto porque suponen una especie de muerte y transfiguración- y, por eso, deben ir ubicadas en la mitad. Asimismo deben contar con un preludio adecuado y una segunda parte que no tenga un tono excesivamente bufo u optimista. Es como organizar una comida equilibrada en la que todo tiene que estar en su justo lugar.
- En la elección del repertorio ¿ha tenido que ver su trabajo como musicólogo?
- Mi trabajo se desarrolla en un 50% como instrumentista y director y en el mismo porcentaje como musicólogo y editor. Y en este programa he incluído dos obras sobre las que he trabajado muy recientemente.
- ¿Qué diría de ellas?
- En mi opinión, Mendelssohn aporta un punto de vista pintoresco. Se trata de un poema sinfónico suave que da una entrada de transición a la aparición de la voz en Strauss. En cuanto a Elgar, es un compositor muy conocido en Inglaterra, pero no se interpreta mucho fuera de mi país. Creo que da un tono elegíaco adecuado para el conjunto del programa, que tiene un claro tono otoñal.
- ¿Es un programa especialmente complicado de interpretar?
- Sí. Plantea una importante exigencia a los intérpretes, porque deben ejecutar música de distintas épocas. La orquesta tiene que hacer algo que debe ser histórica y estilísticamente adecuado. Strauss plantea dificultades a la solista, con cuatro melodías que comparten un mismo tempo y pulso y que tienen también un contenido similar. Es todo un reto para la cantante, a lo que hay que añadir que Strauss no da facilidades a la hora de saber cómo interpretarlas. Su estilo es rico y transparente, por lo que la solista tiene que pedir constantemente a la orquesta que toque con menos intensidad.
- ¿También es difícil para la orquesta?
- Por supuesto. Debe hacer un trabajo de adaptación en cuanto a fraseo, articulación, tipo de arcos utilizados... la Sinfónica de Euskadi ha hecho un esfuerzo importante y un duro trabajo con buenos resultados.