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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Gipuzkoa

AL DÍA LOCAL

Algunos cazadores capturan ejemplares de la especie de manera ilegal para venderlas a restaurantes

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DV. La caza de la becada es en Gipuzkoa poco menos que una «religión» en palabras de José María Usarraga. La practican tres cuartas partes de los cazadores del territorio. Es la especie migratoria por excelencia, la pieza codiciada por todos. «Su caza requiere de un esfuerzo tanto físico como mental muy fuerte. Físico porque se adentra en el bosque, inverna en él, hay que buscarla dentro y son necesarios hasta tres o cuatros lances para capturarla. Se caza al salto, con perro; él te lo muestra. De lo contrario es poco menos que imposible verla, dado que se mimetiza de una manera increíble con la vegetación del bosque», afirma Usarraga.
La becada sólo puede ser capturada dentro de una franja horaria: de 7.30 a 17.30, aunque a partir del 1 de diciembre, el horario matutino se retrasa a las 8.00. Sólo se pueden capturar tres al día. Fuera de estos límites, su caza está prohibida. No obstante, la especie sufre ataques reiterados de furtivos, en lo que se denomina la «espera de la becada». Consiste en apostarse durante el atardecer y a primera hora de la mañana cerca de los prados. «Esta especie aprovecha esos momentos para salir del bosque y alimentarse. Se dirige a los prados para comer y es entonces cuando algunos las capturan. Esta práctica hace mucho daño a la especie, pues los ejemplares se encuentran indefensos. Es una caza ilegal».
Esta actividad, según fuentes consultadas, tiene un claro fin comercial. La becada es un manjar desde el punto de vista gastronómico, pero su venta con fines comerciales está prohibida. Ni siquiera puede ser ofertado en los restaurantes. Algunos establecimientos, sin embargo, si bien no los incluyen en sus cartas, los ofrecen verbalmente a sus clientes. Los restaurantes pagan hasta doce euros por pieza.
2007 fue un buen año de becada. «El otoño y el invierno fueron húmedos en nuestra zona y secos en el resto de la península. Ello hizo que muchos ejemplares se quedaran aquí», dice Usarraga.
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