DV. Cada vez vamos descubriendo más sobre el nuevo 'Espacio Chillida: arte e industria', museo que abrirá sus puertas a finales de primavera en la antigua fábrica de la Papelera Elorza.
Un rincón mágico para aquellos que alguna vez, admiraron las obras del escultor y quedaron con ganas de llegar más allá de lo que tenían delante. Allí encontrarán los dos talleres que el artista poseía en su casa de Donostia, tanto el de forja como el de papel, donados ahora por la familia para que formen parte del nuevo proyecto de Lenbur. Éste profundizará en el proceso de ejecución de sus esculturas, tarea que creó un estrecho vínculo entre Eduardo Chillida y la fundición legazpiarra.
Buscando hacer piezas cada vez más grandes, Chillida descubrió el Valle del Hierro. En Pesa encontró las puertas abiertas y obreros dispuestos a pensar y trabajar en cómo hacer a gran escala aquellas piezas que él traía en una pequeña maqueta. Aquí se hicieron muchas de las esculturas que hoy encontramos en los lugares y plazas más importantes del mundo como El Peine del Viento de Donostia, la obra Alrededor del Vacío (Washington), las puertas de Arantzazu (Oñati), Gudari (Berlín) y otras tantas obras en hierro de museos como el Metropolitan ó el Guggenheim de Nueva York.
Fundidores, horneros, forjadores y sopletistas de Patricio Echeverría S.A. todavía recuerdan el trabajo con aquellas esculturas: «era algo realmente artesanal y muy laborioso, un trabajo totalmente diferente», describen.
No hacía dos obras iguales
Tal y como señalan desde Lenbur, entender la obra contemporánea no era fácil y el propio Chillida recordaba una anécdota que le pasó en la fábrica de Legazpi. Después de realizar una escultura que dio mucho trabajo, un obrero le dijo «bueno Eduardo, ahora que ya sabemos como se hace, podemos hacer todas las que quieras», a lo que el escultor contestó que no iban a hacer más iguales, porque se trataba de experimentar, ver hasta cuánto se podía curvar el hierro, pero una vez comprobado el resultado, ya se terminaba el proceso en esa escultura. Ésto era justamente lo contrario a la fabricación ordinaria de un martillo o una pala, donde lo importante es la experiencia de saber cómo se hace y no la experimentación. «Al pobre lo dejé chafado», solía indicar el escultor.
Pesa era famosa por la calidad de sus aceros especiales: «Chillida utilizó en la mayoría de sus obras el Acero Bellota Re-Co, creado con unas características especiales, resistente a la corrosión», comenta uno de los expertos fundidores.
Otro de los horneros recuerda que el Re-Co era un material muy frágil que se quemaba muy deprisa. «Había que forjarlo muy rápido porque se enfriaba enseguida» explica uno de los forjadores. Los sopletistas tampoco han olvidado las horas que pasaron calentando con propano y oxígeno algunas piezas que, por sus formas curvas, no entraban en el horno.
Ahora, Lenbur trabaja en el proyecto 'Legazpi y Chillida, cómo se hizo', un audiovisual que recogerá los testimonios de aquellos trabajadores. La fundación comenzó tirando del hilo a través de una foto del Banco Mundial de Washington (la que encabeza este reportaje), donde Chillida aparecía posando junto a obreros en la fábrica Pesa con la escultura Alrededor del Vacío. Partiendo de aquel reducido grupo, han llegado a contactar con más de 50 empleados. En estos momentos, el audiovisual se encuentra en la fase de montaje y posteriormente, habrá ocasión de verlo en el propio 'Espacio Chillida' mediante pantallas. Éste será el primer punto visitable de un proyecto más amplio, el Museo de la Industrialización. De momento, queda esperar a finales de la primavera.