A juicio de Josep Ramoneda (Lérida, 1949), San Sebastián presenta varios elementos que convierten su candidatura en una apuesta atractiva para lograr la Capitalidad Cultural Europea 2016. El director del CCCB apuesta por alejarse de posturas elitistas para volcarse en lo que califica de público «amateur».
- ¿En qué se traduce la Capitalidad Cultural Europea? ¿Más conciertos? ¿Más programación teatral? ¿Más exposiciones?
- Depende de cada ciudad. Hay algunas que han conseguido que se traduzca en algo más que eso y otras que no. Hay ciudades que han hecho una estrategia bien pensada que condujera a objetivos de futuro y otras que se han limitado a realizar un programa de actividades más o menos lucidas. Depende de cada ciudad. Si estuviese en el jurado premiaría a aquellas ciudades que supieran explicar el día después tanto o más que el momento de la capitalidad.
- ¿Cuáles son los activos de San Sebastián?
- Además de los obvios -emplazamiento magnífico, agradable, cómoda...-, es un lugar de encrucijada de problemas clave en el mundo actual.
-¿Por ejemplo?
- El desarrollo de la nueva modernidad, la violencia y la cuestión identitaria. Tres asuntos clave. Además, tiene una tradición cultural potente en campos como la música, el cine y las artes plásticas. Finalmente, representa un punto de vista sobre Europa que, siendo plenamente europeo, tiene algo de periférico.
- ¿Y sus pasivos?
- El principal es la imagen de una ciudad y de un país metidos de lleno en el problema de la violencia.
-¿Sabe alguien cómo se expresará la cultura en 2016?
- Por supuesto que no. Por eso no hay que dejarse fascinar por lo tecnológico, que siempre es lo más fácil. ¡Qué vamos a saber cómo serán las nuevas tecnologías, si cambian cada dos días! Por eso hay que buscar un tema fuerte, de los que afectan a las cosas esenciales de la experiencia humana.
-¿Cabe esperar de la cultura que nos haga mejores?
- Tengo mis dudas sobre que la cultura se tenga que plantear en estos términos. Nos puede hacer peor y nos puede hacer mejor. No es garantía de nada. Hay cultura de la barbarie y cultura de la libertad. Estos voluntarismos semimoralistas nunca los he entendido. La sobredosis y la hipérbole en el discurso identitario, que también es cultura, puede conducir directamente a la barbarie. También sabemos lo que significaba la cultura en la Alemania nazi o en la URSS. La cultura no es garantía de nada.
- ¿Puede acoger Tabakalera una programación tan arriesgada como la del CCCB?
- No soy nada elitista ni vanguardista en el sentido clásico del término. Una institución cultural de carácter público tiene que poner por encima una exigencia de calidad muy grande y en esto no puede ser transigente. Pero, al mismo tiempo, debe tener un punto de eclecticismo, es decir, debe saber dirigirse a grandes públicos y muy diversos, sin mengua de la creación y de la innovación. No creo en la institución pública de segmento, que vaya dirigida a los sectores más «avanzados intelectualmente», entre otras cosas, porque nunca tengo claro si no son los más retrasados. Esta idea aristocrática de la cultura, defendida por algunos intelectuales a los que, en el fondo, les duele que las masas se ilustren y ya no sea patrimonio exclusivo, que la llevan a la práctica en el campo privado. Lo que tampoco es admisible es que para conseguir públicos se baje la calidad. La referencia es la calidad, no el número de visitantes.
- Que también es importante.
- Claro, en la sociedad actual hay sectores con un potencial enorme que, sin embargo, parece que molestan a algunos directores de museo: los jubilados. La política cultura debe potenciar la figura del amateur, tomado en el sentido opuesto de lo que es el ciudadano consumidor. Es aquel que no se compra cultura de la misma forma que se compra un jersey.
- Brevemente, ¿cómo diría que es la cultura en San Sebastián?
- No lo sé, no la conozco suficientemente. Hablo por analogía con Cataluña y sin mucha seguridad, pero tengo la sensación de que hay una voluntad sobreactuada y excesiva de encontrarle a todo raíces y tradiciones, que están muy bien, pero que a veces estorban mucho. La cultura es pensamiento de presente.