Recientemente ha sido publicada en distintos Medios una carta de la señora Txaro Arteaga, exdirectora de Emakunde, escrita desde el resentimiento, cuando no desde el odio, que extiende sobre la mayoría de la población de Hondarribia e Irún que apoya los Alardes, y que merece ser contestada.
Escribe usted que «hay quien alardea de legalidad por haber conseguido, con trampas privatizar el acto para poder discriminar». Miente a sabiendas. Usted desde Emakunde apoyó económicamente la judicialización del Alarde llevándolo a los Tribunales. Estos han determinado mediante sentencia del TSJPV, ratificado posteriormente tanto por el Tribunal Supremo como por el Tribunal Constitucional que el Alarde es legal y que no existe discriminación por razón de sexo. Ustedes han invertido ingentes sumas de dinero en subvencionar actos meramente lúdicos contrarios a los Alardes, en detrimento de Asociaciones de mujeres de diversa índole que no reciben ni un euro por «falta de fondos».
En una maniobra rastrera, infame y absolutamente intolerable, usted mezcla la violencia machista, el maltrato a las mujeres y la muerte de éstas, con la forma de entender los Alardes de Irún y Hondarribia, con su organización, y con su preservación tal y como desea la mayoría de las mujeres y hombres de estos pueblos, afirmando que «es el germen que genera esa violencia de género que provoca tantas muertes». ¿Acaso ese germen también lo situaría en la tradicional comida que celebra la Cofradía de San Roque en Llodio, sin participación de mujeres, y a la que acude al lehendakari junto a políticos de todos los partidos y de la que usted en toda su trayectoria como directora de Emakunde no ha hecho mención alguna? ¿También debería localizarlo en iglesias, conventos, sociedades, en las competiciones deportivas, en representaciones artísticas y teatrales, etc. etc.? Señora Arteaga, absolutamente deplorable en una persona que ha ejercido tal alta representación institucional.
Habla de que la razón de las mayorías frente a las minorías es válida «siempre que todas la opciones sean legítimas y en este caso no lo son», y que una cosa es la legalidad y otra la legitimidad. Como ya se ha mencionado, la legalidad ya la han ratificado los Tribunales y la legitimidad según refiere la Real Academia de la lengua «conforme a las Leyes» parece que también está clara. No obstante la verdadera legitimidad se renueva año tras año con el apoyo de miles y miles de ciudadanos.
Aún se comenta en Hondarribia la prepotencia y el desprecio con que recibió usted a un grupo de mujeres que representaba el sentir de la gran mayoría de las hondarribitarras. Pero claro, en relación a sus intereses, no representaban mas que una pequeña minoría dentro de la Comunidad Autónoma Vasca.
Finalmente arremete contra la clase política y -novedad- contra los medios de comunicación por su neutralidad y por dar apariencia de normalidad a la Fiesta. Curiosamente motiva esa actitud de los medios en la «sistemática amenaza que reciben por parte de quienes participan en el Alarde Tradicional». Absolutamente delirante. Máxime teniendo en cuenta sus visitas a los directores de distintos medios de comunicación, para exigir la supeditación de la objetividad en la información, a un alineamiento en el «acoso y derribo» a los Alardes, que se ha ejercido desde la Institución que usted ha dirigido. Por cierto, cargo que ya no ocupa, pero en el que usted se apoya para obtener un trato de favor por parte de los mismos medios a los que ahora critica.
Como escribía hace poco un habitual colaborador del diario Gara -poco sospechoso de comulgar con los Alardes- «La discriminación constituye en sí misma un grosero ejercicio de injusticia, que se traduce en cosas tan abyectas como el racismo, la violencia doméstica o el terrorismo ideológico. Demasiado repugnante como para juguetear con ella y usarla a modo de arma arrojadiza contra el contrincante político o como muestra inequívoca de progresía de manual. Porque pudiéramos estar elevando a la categoría de 'problema' cosas y situaciones que no lo son. Lo de la igualdad está muy bien, así, en abstracto. ¡A mi me lo van a contar! Pero convertirlo en una obsesión postural conduce las más de las veces al más indeseable terreno de lo absurdo».
Efectivamente señora Arteaga, según usted, su natural optimismo se está resquebrajando. Han creado artificialmente un problema donde no lo había, obsesionándose con él, y de continuar así podrían acabar desquiciados.
Mientras tanto, seguiremos siendo los hondarribitarras quienes decidamos cómo celebrar el Alarde.