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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 abril 2014

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El becerro de oro
El Banco de España informó este pasado jueves que la suma de préstamos morosos de los bancos y cajas de ahorros alcanzó la cifra de 38.034 millones. Añadió que el saldo de los 'créditos de dudoso cobro' creció, en el último año, un 233%. En otras palabras, que el número de personas y entidades que tienen dificultados para pagar sus créditos subió espectacularmente este último año. Por la crisis, claro está, crisis que los ciudadanos, morosos y no morosos, la miran como quien mira llover pues nada pueden hacer para que pare la lluvia (la crisis) que, por supuesto, ellos no han provocado. Además, ciudadanos sin paraguas ante el agua que cae, (huracán para algunos) guarneciéndose bajo una tejavana procurando que el agua no les moje demasiado o, les lleve por delante en una embestida.
En éstas, el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, dijo el jueves que desconoce cuál será la duración de la crisis: «Todavía no tenemos idea sobre la duración de esta turbulencia y cuándo volverá la normalidad a los mercados». Comprenderán que un simple sociólogo de provincias no tiene la varita mágica para lo que nadie, absolutamente nadie, ha sabido prever con rigor y menos aún poner remedio a tiempo. Hablan los expertos de ciclos del mercado, sí, como los indios guayapuchis hablan del enfado de la luna o los niños católicos de antes de los angelitos jugando a los bolos, cuando truena.
Pero creo que hay cosas que se puede decir desde hace mucho tiempo: no es permisible que no haya regulación más sólida del mercado financiero que se mueve con la sola y única lógica de la rentabilidad económica, de la maximización de beneficios haciendo del dinero el dios de la alta modernidad. No es permisible que sigan existiendo paraísos fiscales en lejanas islas caribeñas y, también, aquí al lado en el corazón de Europa. No es permisible que mientras cada día estemos más vigilados en nuestra vida y en nuestros desplazamientos y, a los africanos que se juegan la vida para llegar al Eldorado europeo en pateras los devolvamos a sus países de origen, los capitales financieros puedan viajar impunemente de un sitio a otro, dándole a una tecla. No es permisible que si usted hace bancarrota, en su economía familia o en su empresa, solo le quede, en el mejor de los casos, apretarse el cinturón mientras que al principal responsable del banco Merrill Lynch, nombrado el año 2003 y ahora absorbido por el Banco de América para que no se derrumbe, lo licenciaran el año 2007. con una propina de 180 millones de dólares en su cuenta corriente.
Aquí veo yo el fondo del problema: el becerro de oro del mundo postmoderno es el dinero. El colmo es que lo hemos dejado, en el actual sistema financiero y en nombre del sacrosanto mercado, en (pocas) manos incontroladas. Pero regular el sistema financiero es posible, dicen los expertos. Claro que exige derribar el actual becerro de oro, me permito añadir.
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