DV. Juanma Lillo emuló ayer al señor Lobo de Pulp Fiction y pidió prudencia en la valoración de los fichajes. El técnico tolosarra se enfundó el traje de director deportivo y, como el personaje que interpretaba Harvey Keitel, se sacudió de encima los elogios a su labor porque entiende que aún es pronto para sacar conclusiones sobre si ésta ha sido o no un acierto.
«Me alegro de que se diga que los nuevos están aportando cosas al equipo, pero vamos a esperar antes de colgarnos medallas», dijo con palabras menos soeces que las escupidas por aquel hombre que resolvía problemas en la cinta de Tarantino.
Lillo destacó la rapidez con que los recién llegados han completado su proceso de integración en el grupo. «El modo de relacionarse de este vestuario hace que los plazos de adaptación sea más cortos y que los jugadores lleguen antes a su máximo nivel. Somos un todo».
Al míster no le gusta individualizar sus impresiones acerca del equipo, pero ayer tuvo que hacer una excepción ante la insistencia de los periodistas. «A Necati y Dramé los veo bien. Acaban de llegar y sus limitaciones se refieren más al estilo de juego que a la forma física, pero no están muy lejos de lo que pueden rendir. Creo que ya están en condiciones de solucionar problemas. Están en el camino. Vienen a echar una mano, no a suplir a nadie. En cuanto a Marcos, Sergio y Moha, ellos llevan semanas aquí, han disfrutado de una pretemporada completa y se nota. Los cinco son jugadores que mejoran las prestaciones del grupo».
La relación del entrenador con sus pupilos es «de padre a hijo», lo que le permite «elevar el nivel de exigencia». «No necesito que ellos digan lo bien que están conmigo porque es algo que siento, me llega, y eso me sirve más que sus palabras».
La Real afronta mañana un partido complicado contra el Murcia, un rival que a Lillo no le parece «construido para prescindir del balón». «Tienen jugadores rápidos, con profundidad... Es un muy buen equipo; el máximo aspirante al ascenso, junto con el Zaragoza».
Se refirió a las últimas declaraciones de Zubikarai. El meta de Ondarroa admitió el martes que debe ser Bravo quien defienda la portería txuri urdin ante los pimentoneros. «Cuando llegué aquí -relató Lillo-, la Real había perdido tres partidos consecutivos y a Bravo le preguntaron por Riesgo. Pese a no haber jugado un solo minuto en toda la temporada, el chileno contestó que Asier estaba siendo el mejor del equipo. Zubikarai ha tomado en cuenta este comportamiento, que se ha convertido en el modus vivendi del vestuario. ¿Quién jugará? Veremos cómo vuelve Bravo y decidiremos, siempre buscando el bien de la Real».
Renovaciones ya
Lillo abordó el capítulo de renovaciones, cuyos principales protagonistas son hoy por hoy Díaz de Cerio y Castillo, dos de los jugadores que mejor arranque de campaña han completado. «Ambos tienen que seguir aquí, con nosotros. Y no lo pienso ahora, sino desde el primer entrenamiento. No podemos perder balones de este tipo».
El técnico confesó que en la eliminatoria de Copa contra el Zaragoza sintió «la ilusión de los aficionados». «Noté que el público tenía incidencia en lo que pasaba en el campo, cómo presionaba al árbitro y celebraba un despeje o un pase. Tengo que quitarme el sombrero».
La Real sólo ha perdido un partido desde que está Lillo. «Son cifras buenas si se prologan en el tiempo. Vamos a ir tranquilitos porque queda mucho, pero sería maravilloso mantener estos números hasta final de Liga».