DV. La fiesta triunfó en el gran día de las fiestas patronales de Hondarribia y su Alarde. El buen ambiente ganó por goleada a las tensiones y fricciones vividas en los últimos años aunque, un año más -y con este van trece-, sobre las calles de la ciudad amurallada se plasmaron dos formas de entender los actos en honor a la Virgen de Guadalupe. Por un lado, el Alarde, desfile tradicional que cuenta con el apoyo mayoritario del pueblo y en el que la mujer desfila únicamente como cantinera; y por otro, la manifestación de la compañía Jaizkibel que reivindica la participación de la mujer como soldado y la existencia de un único alarde de carácter público -el actual lo organiza una fundación de carácter privado-. En la diferencia, la fiesta se impuso al enfrentamiento. La protesta de los partidarios del tradicional fue simbólica, en forma de paraguas negros al paso de Jaizkibel.
Como otros años, el momento de mayor tensión se vivió al paso de la manifestación de Jaizkibel por la calle Mayor. Siguiendo la pauta de los horarios fijados por el Departamento de Interior, Jaizkibel partió a las 8.25 horas. Delante le esperaba completar un recorrido repleto de público que, en su mayoría, aguardaba el paso del Alarde tradicional.
Rodeados por el dispositivo de antidisturbios de la Ertzaintza más corto de los últimos años, la marcha arrancó tras una pancarta que rezaba Mujeres en el Alarde. Un alarde público. Detrás, le seguían alrededor de 250 componentes de la compañía a los mandos de la capitana Garoa Lekuona rumbo a la calle Mayor.
Esta vez, partidarios del desfile tradicional molestos con que Interior les «imponga ver un una manifestación que no comparten», mostraron su rechazo a Jaizkibel desplegando paraguas negros. Lejos quedan los plásticos negros o las caretas de personajes Disney de otros años y mucho más lejos los conatos de agresiones o el medio centenar de detenciones del año 2000. La indiferencia de los simpatizantes del tradicional al paso de Jaizkibel fue mayor que los silbidos o insultos. Tan sólo hubo réplicas a los gritos de «Emakumeak Alardean» con otros de «Betiko Alardea».
La compañía con mujeres de soldado completó el recorrido de subida y bajada de la calle Mayor en apenas un cuarto de hora y llegó a la ermita de Saindua en apenas media hora.
Cumplir con el voto
Y llegó el momento del Alarde. Los paraguas negros desaparecieron por arte de magia y, a las 9.00 horas, una multitud rompió en aplausos cuando el cabo de hacheros, Juan José Sorondo, cruzaba el portal de Santa María y entraba en la Calle Mayor. Tras él, 4.800 efectivos a los mandos del burgomaestre Mikel Jauregi, desfilaron con marcialidad rumbo a la plaza de Armas. Por el camino, las 20 cantineras derrocharon simpatía y saludos ante los miles de espectadores que se repartían en todos los rincones del recorrido.
Poco a poco se fueron cumpliendo los rituales que año tras año se repiten. Las descargas de la plaza de Armas llenaron de olor a pólvora toda la Parte Vieja de Hondarribia. El desfile continuó hasta la ermita de Saindua, donde se decretó el primer rompan filas matutino.
La fiesta se trasladó entonces al santuario de Guadalupe, donde se cumplió con el voto religioso a la Virgen que la ciudad de Hondarribia realizó en 1638, tras el sitio de las tropas francesas.
Por la tarde, Jaizkibel repitió su manifestación sin que se registraran incidentes. A las 20.00 horas, los 4.800 soldados del Alarde rompieron filas a los sones de la Fagina tocada por la banda.
jmvelasco