DV. ¿Sabemos algo de este fútbol? Es lo que se pregunta uno después de escuchar, estos últimos días, disertaciones sobre los sistemas, la defensa de tres y demás menesteres. «De fútbol y de medicina, todo el mundo opina», decía a este respecto Juanma Lillo ante el desmesurado interés que ha suscitado el 1-3-4-3.
Buena parte de la Prensa incidió en que el cambio de tres a cuatro defensas ante Las Palmas fue el detonante de la victoria. Al escuchar esto, Lillo esbozaba una media sonrisa. «¡Si quité un zaguero!». Él tiene el título, a él se le supone la autoridad en estas lides. Dos partidos habían servido para que pasáramos del miedo por la supuesta temeridad del 1-3-4-3, a la euforia desmedida por el buen papel del equipo en Copa. Con tres defensas, claro.
Y cuando el croquis de Lillo apenas dejaba resquicios para la crítica... Cuatro defensas, y un desastre. Un 1-4-1-4-1. Y con Gerardo de pivote, invento made in Bakero. Los más viejos del lugar recordaron el partido de hace dos temporadas en el Bernabéu con el riojano en la misma demarcación. Tardaron un minuto en rascarse la barba como diciendo «ya lo decía yo». Castillo no despejó ante el acoso rival, como mandan los cánones, se tropezó, y Ewerthon se limitó a depositar el balón en la red. Las teorías científicas de la zaga hechas añicos. «Un lance fortuito, un resbalón», pensaban los críticos a ultranza del sistema.
Las acometidas mañas recordaban a la frase del cuchillo y la mantequilla de John Benjamin Toshack. Arizmendi y Jorge López entraban a placer, sólo faltaba la cinematográfica alfombra roja. Ewerthon habría desfilado con gafas de sol, esmoquin y pajarita. En el minuto diez, el brasileño fue el más listo de la clase, se coló en tierra de nadie, entre defensas y medios, y definió a la perfección, al estilo Henry. Cuerpo amagando el regate, y rasa al palo largo.
La cátedra titubeaba. Con la crónica a medio escribir, asumiendo el error de criticar el sitema anterior, más de un colega, ¿quizás un servidor y no quiere reconocerlo?, daba la razón a Lillo. «Volvamos a la defensa de tres», me dicen que llegó a escribirse en alguna Redacción. Título que tendrá que esperar.
Mister Hyde
En la reanudación. Con cuatro defensas, la Real meneó al Zaragoza. Marcos enseñó el camino. Castillo olvidó pronto su error. Centro perfecto a Iñigol y a la cazuela. Empate. El Zaragoza parecía hacer buena la manida frase de nadar y guardar la ropa. «Los discursos tácticos para luego», le gritaron al figura que había escrito el titular sobre los tres defensas.
Lo que en la primera parte parecía negro, se tornó en un blanco impoluto. Nadie leerá lo que habría leído en el descanso. Nadie defenderá en el bar los argumentos que habría expuesto antes de la reanudación. «Numeritos, fútbol y medicina», pensará Lillo. «El 2-0 favorable es el resultado más peligroso para irse al descanso», pensaron los devotos de Toshack. «Dos tíos con título de entrenador», pienso yo.