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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Beti Erreala!

REAL SOCIEDAD

Todos sabían que el Zaragoza saldría herido, pero la Real no opuso de entrada la intensidad que el partido exigía. Cuando lo hizo, impuso la calidad de su juego

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DV. Tiene la Real mucho que reprocharse por haber salido al campo sin suficiente fortaleza mental. El guión del partido en los primeros minutos estaba escrito desde el miércoles. Al Zaragoza le habían dado estopa por todos los lados, tenía la urgencia de demostrar que tiene un equipo agresivo, capaz de competir, que no se va a desarmar en Segunda como se desarmó en Primera, que sus estrellas son más que nombres, que son futbolistas capaces de pelear además de tocar el balón con talento. El propio Lillo utilizó la metáfora del jabalí herido la víspera del encuentro. Lo sabía Lillo, lo sabían los jugadores y lo sabíamos todos.
Precisamente por eso cabía esperar que la Real saltara al campo con un cien por cien de concentración, sabiendo que en esos minutos iniciales se trataba de desgastar al rival, de cometer pocos errores y a ser posible ninguno en las proximidades de nuestro área. Si se podía hilvanar alguna jugada, perfecto; si salía una contra, mejor. Pero en caso contrario ya habría tiempo de quitarles el balón y ponernos a jugar como Lillo quiere y como este equipo sabe.
No ocurrió nada de eso. En el minuto uno Castillo se metió en un lío cerca del banderín de córner y concedió a Arizmendi el balón y la línea de fondo. Centró bien y Ewerthon remató a placer. El Zaragoza sintió que allí había dónde morder y cobró nuevas fuerzas para seguir apretando la salida del balón del equipo realista y provocando errores que a veces descubrían un problema de inexperiencia.
En el minuto diez, otra pérdida, un toque en el centro del campo para lanzar a Ewerthon a la espalda de nuestros centrales, 2-0. Todavía nos metimos en dos o tres líos más, consecuencia antes de nuestro propio desconcierto que de la pericia de los aragoneses.
Pero el desconcierto no podía durar eternamente. Ni la Real es tan inmadura como se había mostrado en el primer cuarto del choque, ni el Zaragoza puede desarrollar tanta agresividad sin agotarse. Como un día comentó Gonzalo Arconada, la cabra siempre tira al monte y las estrellas del Zaragoza son demasiado indolentes como para poder vestirse de legionarios durante toda la tarde.
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