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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Bidasoa

HONDARRIBIA JAIAK

07.09.08 -

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HONDARRIBIA. DV. Una vez más se pudo comprobar el magnetismo que emanan a juzgar por el número de hondarribiarras y visitantes llegados desde las localidades vecinas que se apostó a ambos lados de la acera a lo largo del recorrido. A su paso por la Marina los restaurantes, en los que se lleva a cabo la tradicional cena de cuadrilla, se suelen quedar semidesiertos por unos minutos. Forma ya parte del ritual.
Como de costumbre, después de realizar la mayor parte del recorrido en carroza, descendieron en la calle Santiago de Compostela para acceder a pie hasta la plaza de Gipuzkoa, donde a cada una de las máximas protagonistas se les hizo entrega de tres detalles, una rosa, un libro y CD con la historia de la Banda de Música y una placa de recuerdo. Posteriormente, se desplazaron hasta el parador Carlos V.
Está claro que este fue el acto principal del día, pero no el único. Por la mañana los chavales se lo pasaron de lo lindo con el primer encierro con toros hinchables.
Se siguió el mismo ritual que en Sanfermines. Antes de que los morlacos irrumpieran en la calle Mayor, siguieron las indicaciones de los organizadores y efectuaron el cántico adaptando la letra. Seguidamente, hicieron unos estiramientos 'para calentar músculos' y al instante se pusieron a correr al escuchar el txupinazo.
La salida de los seis astados fue impresionante. Nada más verlos muchos pusieron los pies en polvorosa. A pesar de que se trataba de un juego, a todos no les hacía gracia. Este es el caso de Enaitz, que a sus dos años y medio prefería verlos desde la barrera, a hombros de su padre Iñigo. Reconoce que le gustan pero «de lejos», apostilla Iñigo.
Pero no fue el único que tomó sus distancias, dado que Ana, un poco más mayorcita, también pasó un mal rato y buscaba refugio buscando la espalda de su padre.
Para evitar que el encierro terminara en un santiamén, durante el recorrido los componentes de la entidad madrileña Recortauro S.L. paraban la marcha y ordenaban retroceder unos cuantos pasos porque «si lo hacemos todo seguido quemamos enseguida a los chavales».
El tiempo ayer estuvo un tanto juguetón por la mañana al irrumpir en ocasiones un incómodo sirimiri. Por la noche volvió a aparecer la lluvia, haciendo que la afluencia de personas para presenciar el desfile de las cantineras se viera algo reducida respecto a años anteriores, aunque no impidió que las calles siguieran muy animadas.
Del ajetreo, la fiesta y las correrías se podía pasar en un instante a la serenidad y tranquilidad que emanaban los bonsais y los suisekis. Se trata de la tercera ocasión en la que el taller Irun Bonsai y la Asociación de Donostia presenta sus joyas naturales en una interesante exposición.
En esta muestra se combina el sentido del cambio y evolución que representan los bonsais con la idea de lo invariable y perenne que emanan las piedras.
La treintena de piedras que se pueden admirar en esta muestra han sido todas localizadas en la provincia. Al observarlas, parece mentira de las formas, dibujos y aspecto que es capaz de labrar la propia naturaleza. Una de las cosas buenas que ofrece la programación de fiestas es su variedad. Por eso, en un instante se puede saltar del ambiente sosegado de la exposición al atractivo y ruidoso espectáculo de los karting, una de las novedades de este año junto con el encierro infantil y con la estación especial de radioaficionados.
El aparcamiento de la playa se convirtió por unas horas en un pequeño Montecarlo. Impresiona la velocidad que en tan poco distancia pueden coger los kars. Su dominio no parece tarea sencilla. La gente que se dio cita, en este caso la lluvia pudo restar público, pudo comprobar la pericia de los pilotos y los piques que tenían por ser los primeros en cubrir las quince vueltas programadas al improvisado circuito.
Esta noche, tras el Te Deum se le hará entrega al burgomestre Mikel Jauregi del bastón de mando en la plaza de Armas.
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