La Virgen del Coro está de actualidad. Hace poco menos de un mes la vimos, por primera vez en su historia, siendo trasladada hasta el Buen Pastor para que se le cantara la tradicional Salve del 14 de agosto y en nuestros días, abandonando su clásico camerín, se encuentra como huésped en la iglesia de San Vicente.
Y es que la iglesia se cae... Santa María se viene abajo... Su actual fábrica tiene doscientos sesenta y cinco años... ¡tampoco está mal¡... El material no debía de ser muy malo cuando ha aguantado tanto... y es que entonces, al parecer, había dinero: el dinero de la Virgen.
Resquebrajada por sus cuatro costados con motivo de una explosión en el Castillo habida el 7 de diciembre de 1688, fue necesaria la reconstrucción del templo... y la búsqueda de los medios económicos. Tratándose de «la casa de la Virgen» qué mayor lógica que pedirle a ella se vaciara los bolsillos... ¡Y así lo hizo¡. La Virgen del Coro, como accionista, y patrona, de la Real Compañía Guipuzcoana de Navegación a Caracas recibía beneficios cuando los había, que los había siempre, y con ellos reconstruyó la iglesia.
No estaría de más que en nuestros días alguien la hiciera también accionista de alguien que tenga dinero... para pagar la obra.
Para la coronación no hubo problemas. Hubiera sido demasiado que se pagara ella misma la corona. Fueron piadosas familias donostiarras las que donaron joyas y alhajas para que el joyero, señor Echeverría, realizara una obra de arte: la corona que le fue colocada tal día como el de pasado mañana, su festividad, del año 1940.
Era cuando la fiesta de la Virgen del Coro era fiesta... ¡fiesta de guardar¡... Por cierto ¿dónde están las feministas?... ¿Por qué son fiestas los días que se celebra a los patrones de la capital y de la provincia, San Sebastián y San Ignacio, y no los de las patronas: las Vírgenes del Coro y Aránzazu?... Doctores tiene la santa administración que sabrán responder.
Durante la misa de la coronación, Franco y su mujer subieron al camerín para entregarle el manto dorado que le habían prometido el año anterior, siendo luego bajada al altar y coronada por monseñor Lauzurica, después de leer el breve pontificio por el que quedaba declarada patrona de San Sebastián.
Los Franco marcharon a palacio y la Virgen fue llevada en procesión, quedando expuesta en el balcón central de la antigua Casa Consistorial, en la actual plaza de la Constitución.