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RSS | ed. impresa | Regístrate | 19 marzo 2010

San Sebastián

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¿Dónde está Joshemari?
La estatua se encuentra oculta por las ramas. /JOSE MARI LÓPEZ
Bien hubiera podido la Quincena Musical en su Jornada Infantil haber organizado el juego titulado ¿Dónde está Joshemari? al modo del famoso entretenimiento norteamericano conocido por ¿Dónde está Wally?, en referencia directa, en nuestro caso, al compositor donostiarra José María Usandizaga Soraluce (1887-1915) a cuya memoria está colocada una lápida en su casa natal (Garibay, 6), dedicada una calle en el barrio de Gros y alzado un monumento en la Plaza de Gipuzkoa, que fue inaugurado el 24 de septiembre de 1916 por los entonces reyes de las Españas, y que ha desaparecido pese a estar en el lugar de su primitiva ubicación. Ha desaparecido de la vista de viandantes, mayores y menores (pérdida de nuestra memoria histórica de generaciones futuras), propios o foráneos, merced a la dejadez de unas instituciones que ha consentido que con el tiempo crecieran tres árboles cuyas frondas han tapado totalmente el simbólico monumento realizado por José Llimona.
Hoy, ante semejante desatino de olvido y desidia en reivindicar a uno de los donostiarra más universales, Jesús Guridi, Enrique Fernádez Arbós, Tomás Bretón, Bartolomé Pérez Casas, Antonio Peña y Goñi, entre otros mudos post mortem, hubieran hecho que sus voces tronaran ante semejante negligencia.
Hoy las voces del Orfeón Donostiarra, promotor de la idea de la construcción del monumento -corrían otros afanes-, están encanecidas en el más puro silencio. Y que no me diga que los tres árboles tiene especial interés y no se pueden trasplantar a otra mejor ubicación -parque de Cristina Enea, por caso-, para devolver la dignidad a la memoria de quien puso música a Mendi Mendiyan o las Golondrinas, a la Ave María que todas las vísperas de la Virgen de Agosto canta el Orfeón Donostiarra.
Nuevos y felices aires pretenden un reconocimiento cultural europeo para La Bella Easo, pues bien hagamos bueno de dicho: ¡Si se quiere, de puede!, para que nunca más tengamos que preguntarnos ¿dónde está Joshemari?
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