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Cultura

ANÁLISIS

06.09.08 -

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H uele a rabioso este festival. Los cinéfagos, los devoradores de celuloide, lo han empezado a olisquear. Hociquean hambrientos entre los títulos, las sinopsis, los premios recibidos en otros lugares por películas por las que uno matará en la taquilla, en las colas, frente a los cajeros automáticos que expenden entradas. Y el olor que se desprende en las secciones de Horizontes Latinos, Zabaltegi, Cine en Construcción, Cine en movimiento, es olor a rabia, a furia. De ruido, de metal. Misturas de libertad conseguida con sangre, sudor, lágrimas y fotogramas. Olor a cámara digital de esas que sólo utilizan los bravos tal que Soderbergh en Che. Huele a plomo. There Will Be Blood es el título original de ese Pozos de ambición que recibirá el Gran Premio Fipresci. There Will Be Blood... Y la sangre correrá, será derramada. Eso es lo que olisquean, olfatean, hociquean los lobos hambrientos de cine. Películas que te atrapen las meninges y las tripas. Películas capaces de la osadía más extrema. Películas firmadas por negros españoles que cuentan la historia de un paralítico cerebral loco por el hip hop. Filme bailado al ritmo de la música del mejor grupo de hip hop gitano del mundo. Los lobos ya han olisqueado El truco del manco, la de Santiago Zannou interpretada por El Cuajo. Claro que también puede pasar que los cánidos rabiosos tengan ya noticia oscura de Sleep Dealer, ciencia ficción de mañana mismo, filmada a lomos de la frontera entre USA y México. Premiada por Amnistia Internacional en Berlin y por Sundance, cuenta que los nuevos espaldas mojadas no atravesarán Río Grande. No al menos en cuerpo y alma. Sí, a través de la más alta piratería tecnológica.
Y sí, es cierto. Perro come perro. Aquí como en Colombia. Otro filme bruto y bizarro. De Carlos Moreno. La santería y el vudú mezclados con los telescopios y las leyes sagradas de los criminales de ley.
Olisquean los devoradores de imágenes las listas y los resúmenes. Y la edición 56 huele a fluidos vitales que rebasan, a celuloide que se licua y se derrama ardiente como plomo de bala maldita. Huele a Bloedbroeders y a Hunger. Y al temblor ético-estético de El cant dels ocells de Albert Serra.
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