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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Cultura

ZINEMALDIA PREMIOS DONOSTIA

La mejor actriz del cine hace grande el premio Donostia

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DV. Como en los anuncios de cervezas, podría decirse de Meryl Streep que es «probablemente la mejor actriz del mundo». Así está acuñado en Hollywood y así coinciden crítica, industria y público. Es una mujer versátil que nos ha hecho reír y llorar en pantalla, que ha trabajada con los mejores y que, lejos de apagarse con el paso del tiempo, mantiene una vitalidad y una frescura encomiables: que la mujer considerada como la mejor se haya atrevido a protagonizar Mamma Mia!, aún en pantalla, bailando y cantando las viejas canciones pastel de Abba, y encima salga con nota del empeño, da idea que la Streep, lejos de conformarse con descansar en el olimpo de las consagradas, es capaz de embarcarse en las aventuras más arriesgadas.
Emociones en pantalla
El historial del Premio Donostia se nutre con muchos de los nombres dorados del cine clásico de Hollywood y de la creación más reciente, pero también se resiente de algunas «incrustaciones» de circunstancias en años más difíciles. Con la Streep el premio se hace aún mayor: quizás es uno de los más merecidos y brillantes de los últimos años, aunque no alimente un fenómeno «fan» como el vivido en la pasada edición con Richard Gere, que tal vez no sea el mejor actor en el palmarés del Donostia (bueno, no quizás: seguro que no es el mejor) pero sí ha sido el más popular en repercusión ciudadana y mediática.
La reacción vivida ayer en la presentación del Festival ilustra bien sobre cómo puede ser la acogida al premio. El año pasado, cuando Mikel Olaciregui anunció que el Donostia sería Richard Gere, las asistentes a la rueda de prensa exclamaron un sonoro «oohhh». Ayer, cuando se dio el nombre de Meryl Streep, los presentes aplaudieron. Quizás es un premio que se valora más desde lo racional que desde lo emotivo.
Y sin embargo, si algo ha provocado desde la pantalla esta mujer nacida en Nueva Jersey en 1949 han sido emociones, desde Los puentes de Madison hasta Memorias de África, desde Julia hasta Las horas, desde La decisión de Sophie hasta su papel en la serie televisiva Holocausto.
Peron también provocó sonrisas: agrias en el caso de Manhattan, delirantes en La muerte os sienta tan bien, irónicas en la reciente El diablo viste de Prada o decididamente iconoclastas en Mamma Mia!. Hace un mes, el periódico alternativo de Nueva York The Village Voice decía: «Sabíamos que Meryl Streep era la mejor actriz del mundo y que podía con cada reto. Ahora sabemos que hay una cosa con la que no puede: las canciones de Abba». Pero algunos pensamos lo contrario; que sí puede con Abba y que su papel en esta película de azúcar la engrandece aún más.
Está casada desde 1978 con el escultor Don Gummer, es madre de cuatro hijos y vive apartada del mundo de la farándula. Tiene dos Oscar (por Kramer contra Kranmer en 1979 y La decisión de Sophie en 1982) y es la actriz con más nominaciones al Oscar de la historia (catorce) y la que atesora más nominaciones a los Globos de Oro (21).
Bienvenida a Donostia, señora Streep.
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