DV. La SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg, que ofreció ayer su primer concierto en el Kursaal, volverá hoy al mismo escenario para despedir la 69 edición de la Quincena con un programa que, en palabras del director titular del conjunto alemán, Sylvain Cambreling, «podría parecer más convencional que el de ayer, pero no es así». Wagner, Messiaen y Bruckner conforman el cóctel musical que el festival propone para el concierto de clausura, que volverá a contar, al igual que ayer, con la participación del pianista Roger Muraro como solista.
Capacidad interpretativa
En opinión del Sylvain Cambreling, director titular de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg desde hace nueve años, «los dos programas que presentamos en San Sebastián son muy variados y ofrecen una bella presentación de lo que la orquesta y yo somos capaces de hacer. El concierto de ayer mostró los puntos de unión entre Mozart, que para mí es uno de los compositores más modernos que hay, y Messiaen. A ambos les une la sensibilidad y la alegría, aunque utilicen lenguajes distintos para mostrarlo».
En cuanto al encuentro que ofrecerán hoy, Cambreling destacó que «es una interesante elección que permitirá verificar cómo no sólo somos capaces de interpretar música contemporánea, sino también de ofrecer con nivel música romántica».
El concierto de clausura de la 69 edición incluye Preludio del acto III y Embrujo de Viernes Santo de Parsifal de Wagner, Couleurs de la cité céleste de Messiaen y la Sinfonía nº 7 de Bruckner. «Las tres obras tienen como nexo de unión la espiritualidad, un carácter religioso que es evidente en las dos piezas de Wagner. La obra de Messiaen refleja también la fé, ese sentimiento que tanto acompañó al compositor. Por último, la Sinfonía nº 7 de Bruckner es una obra conocida que, en mi opinión, constituye un monumento, no sólo de la música romántica, sino de todo el repertorio sinfónico».
Sylvain Cambreling destacó, asimismo, la calidad del pianista Roger Muraro, que interpretó ayer obras de Mozart y Messiaen y que hoy volverá a enfrentarse al compositor francés, del que está considerado el mejor especialista del mundo. «Muraro conoce y toca la totalidad de la obra de Messiaen y está claro que eso le confiere una serie de conocimientos específicos de su lenguaje. Esto no quiere decir que quien quiera interpretar música de Messiaen tenga que obsesionarse por tener esos conocimientos, pero está claro que en el caso de Muraro esto le da una calidad que otros no tienen; le permite tutear al compositor a la hora de interpretar sus obras».
Gran complicidad
El músico francés, que interpretó ayer el Concierto para piano nº 17 de Mozart y Oiseaux éxotiques para piano y orquesta de Messiaen, destacó la magnífica relación que tiene con la Orquesta de Baden- Baden y con su director, Sylvain Cambreling. «Trabajo con ellos desde hace dos años en un proyecto de grabación de prácticamente toda la obra que compuso Messiaen para instrumentos solistas y orquesta. Durante este tiempo hemos creado una relación casi de afectividad y generado unos lazos muy importantes con el director y los músicos. Esta relación se refleja en el trabajo que realizamos y creo que la complicidad que tenemos entre nosotros se podrá comprobar en San Sebastián».
El pianista intervendrá esta tarde en otra obra de Messiaen, Couleurs de la cité céleste. Sin embargo, Muraro tiene claro que «me cuesta considerarme un especialista. Para llegar a ser un especialista en algo, en algún estilo musical, o en un compositor, hay que ser ante todo músico. De hecho, yo no me lo planteo y no tengo una actitud distinta cuando interpreto a Messiaen que cuando toco obras de Mozart o Beethoven. La música es un continuo a lo largo del tiempo y en el caso de Messiaen yo, lo que intento, es interpretarlo con naturalidad».