Fue una cosa inesperada lo que pasó con Lillo, que no pudo acabar el partido en su banquillo, pero es que al entrenador se le hinchó la vena cuando observó dos tarascadas de Paredes a Xabi Prieto que Teixeira pasó por alto y no se contuvo. La protesta le llevó a la escalera de vestuarios, desde donde sufrió un final con esperados apuros. Lillo planteó un buen partido y su equipo esta vez respondió con buena nota.
En la primera mitad no hubo excesivas ocasiones, pero por momentos, el juego resultó bastante más aceptable que el que vimos el pasado sábado y en teoría, con mayor mérito por la entidad del rival. El Zaragoza, no obstante, tiene que hacerse a la categoría, porque las florituras que en Primera tenían su gracia están de sobra aquí. Fueron los maños los primeros con ocasión para adelantarse, pero Zubikarai dijo que ahí estaba él y sacó el balón con el que Ewerthon parecía que iba a marcar. Luego Marcos equilibró el capítulo de ocasiones, pero el juego se desarrollaba más en la parcela central, hasta llegar casi al descanso, cuando Gerardo empalmó aquel balón al que respodió López Vallejo con una acertada palomita. Todo quedaba a resolver después, pero para nada el Zaragoza parecía insuperable.
Cuentan los que andaban por los pasillos del vestuario que de la zona del Zaragoza salían voces que no es de extrañar fueran de Marcelino. El entrenador estaba de los nervios al ver la apatía con que su equipo tomaba el envite. Peor aún se puso todo cuando en el arranque de la segunda parte, la Real tomó el mando, marcó pronto y fue capaz de hacer jugadas que encandilaron a su afición, más numerosa incluso que en el choque liguero ante los canarios. La emoción se había instalado en Anoeta, máxime tras el buen gol de Marcos, fabricado con un pase a medida de Elustondo que el delantero realista llevó al fondo de las mallas. Anoeta vibró y lo siguió haciendo ya hasta que Teixeira pitó el final, no sin algún que otro apurillo que el debutante Zubikarai resolvió con acierto. El meta estuvo seguro, la zaga también, en el centro hubo esta vez más orden y en las bandas tanto Estrada como Moha o luego Xabi Prieto supieron lo que hacer en todo momento para aniquilar a un rival al que se volverán a medir el sábado, pero con ambiente cargado en La Romareda, porque las derrotas pesan a los maños. ¡Que viva la Copa!






