Charlamos fondeados en el Muelle. Frente al Museo Naval. Estábamos en el velero Beti Aitxe, de 12 metros de eslora. Dicen que navega sin viento pero que cuando éste sube, resulta un barco muy divertido. El Beti Aitxe es el hermano chico del gran velero de la escuela de navegación de Aitzol: el Aitxebi es un First 3555 de 10,50 metros de eslora y 1,80 de calado. Según su patrón, se trata de una embarcación «muy noble» que, con mucho viento responde bien, muy bien, a las indicaciones de su patrón y a las maniobras de su tripulación.
- El sábado 30 hubo galerna y todos los barquitos se quedaron fondeados en La Bahía.
- Perdona, no hubo galerna.
- Disculpe: el aviso de galerna se dio en cada boletín informativo a partir de las 7 de la mañana.
- Discrepo. La galerna es, por definición: «un fenómeno meteorológico repentino y adverso». Sucede esos días cuando desde la mañana sientes que el calor se agarra a tu piel como un gato. El aire caliente está quieto, quietísimo. De pronto, penetra una cuña de aire frío que golpea el interior del caliente, subiendo muy rápido. Entonces circula a toda velocidad y ese aire hasta entonces quietísimo se pone a circular a una velocidad extrema. La arena vuela en la playa y la temperatura parece descender al máximo. Suele durar, aquí, en el Cantábrico, media hora. En el Mediterráneo, soplando la Tramontana, puede mantenerse ¡tres días!
- Magnífica explicación. Entonces, lo del sábado fue...
- Fue un día de calor, sí. Pero de modo paulatino, nada que ver con un fenómeno repentino, entró viento del Norte que refrigeró el ambiente. El cielo se encapotó, llovió, pero no hubo galerna.
- Entendido. Sin embargo, no me negará que muchos barcos se quedaron amarrados. Por miedo. A la galerna.
- Te tendré que responder con la frase que hemos elegido para título: muchos tienen barco para tomar el sol. Y utilizan La Bahía como solarium. Muchos piensan, también, que el mar es la Bahía.
- Y va a ser que no, ¿verdad? Porque cuando has navegado y nadado en alta mar sabes que...
- El mar verdadero no es azul. Ugarte, el gran marino, decía lo mismo del horizonte: ni el uno ni el otro son azules sino negros. Y el mar de más allá de La Concha es denso, compacto, sin fondo.
- ¡Qué miedo!
- No es la expresión correcta. Di mejor ¡qué respeto! Al mar hay que tenerle respeto, nunca miedo. Porque el terror nos hace cometer errores. Hay que estar atento a todas sus señales. A la radio. A tus cálculos. La galerna de la que tanto estamos hablando es completamente navegable. Anticípate a ella. Si tienes un velero, reduce el tamaño de las velas. Si vas a motor, aprieta con firmeza y pon rumbo a puerto. Pero con tranquilidad. Si no has hecho caso a las señales y la galerna te ha pillado de lleno, pon tu motor a velocidad mínima y empléate en...
- Capear el temporal, supongo.
- Más o menos, aunque te repito: una galerna no es un temporal. Y sólo dura 30 minutos. Dejarás que el barco suba y baje las olas y luego pondrás un rumbo que le resulte, os resulte, confortable.
-Si me enfrento a un 'fenómeno meteorológico adverso' realmente poderoso, ¿cómo actúo?
- A navegar se aprende navegando. Muchas horas. Muchas olas. Sin que nos asusten ciertas condiciones de la mar (ya sabes lo que dicen los escoceses: «Se puede jugar al golf aunque llueva) pero conociendo nuestros límites como patrones. Los de nuestro barco. Los de nuestra tripulación. Debes conseguir que todos se sientan seguros. No sólo los navegantes. También el barco. Y tú, capitán, trabajarás tanto que no te quedará ni un segundo para sentir miedo.