Cuando la temporada turística se acerca a su fin, y con la experiencia de cada estación veraniega, es llegado el momento de los análisis para una mejor conservación del gran atractivo donostiarra: sus playas.
Medio en broma medio en serio, varias fueron las ocasiones en las que algunos ediles propusieron la necesidad de cobrar «una mínima cantidad» para poder acceder a la playa de la Concha, como posible remedio a la saturación que en la misma se producía.
El cartel de «completo» se colocaba con frecuencia «siendo muchos los veraneantes que prefieren marchar a otras playas más cercanas con mayores comodidades»... porque en la Concha «no entra un alfiler».
Hace cuarenta años no se hablaba todavía del calentamiento del planeta, pero la marea subía que era una barbaridad y el señor Urquía, presidente de la Comisión Municipal de Urbanismo y Obras, creyó encontrar remedio en los técnicos de Grenoble que tenían muy estudiadas esta clase de situaciones, por lo que varios corporativos marcharon a dicha ciudad con sus planos de la Concha debajo del brazo esperando que, como Moisés consiguió con su vara en el mar Rojo, se retiraran las aguas de la bahía duplicando la superficie de la playa.
Realizada la visita, el 27 de agosto encontramos en la prensa local la referencia a la moción presentada en el Ayuntamiento para encargar a la empresa Sogreah, de Grenoble, con un presupuesto de 366.000 pesetas, «un estudio sobre el movimiento de las arenas de la playa de la Concha».
«La moción, cuya aprobación tengo el gusto de proponer a la Corporación, dijo el señor presidente, adjudica la realización de unos estudios de suma importancia para el desarrollo de la ciudad».
Se destacaban las calidades turísticas de la Concha y Ondarreta, su arena «y su mar en calma a veces y con fuertes oleajes en otros, pero siempre sin peligro para los bañistas»... aunque como contrapartida la longitud y anchura de la playa cada vez estaba más puesta «en tela de juicio»... cada vez era más pequeña... ¿o es que aumentaba el número de bañistas?
El proyecto, aprobado en el Pleno, tenía fijados tres objetivos: aumentar la superficie de la playa entre Alderdi Eder y La Perla, hacer utilizable con carácter permanente el tramo entre La Perla y el túnel y habilitar la zona de Ondarreta próxima al tenis.
Por cierto, en esta misma sesión se adjudicaron las obras de rehabilitación de los servicios de la playa de Gros... «que ya habían sido terminadas a comienzo de temporada»