Por primera vez, el pianista onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) pisará el auditorio del Kursaal para interpretar el Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov. El joven músico, considerado por público y crítica como una de las mayores revelaciones de la música española, compartirá hoy protagonismo con la Orquesta Sinfónica de Euskadi y la Coral Andra Mari, en un encuentro que incluye también obras de Guridi y Holst y que estará dirigido por el maestro ruso Andrei Boreyko.
- Es la segunda vez que actúa en la Quincena Musical, ya que según creo, ofreció un recital en el Palacio Miramar hace ocho años. ¿Recuerda aquel concierto?
- Claro que sí. Fue un concierto dedicado a obras compuestas en la década de los sesenta del siglo XX. Incluía a compositores como Morton Feldmann, Sofía Gubaidulina, Kurtag, Tippet, Fortner y Nin-Culmell. Fue una preciosa idea de Luis Polanco, tristemente desaparecido, donde se abordaban todas las décadas del siglo pasado.
- También actuó en el ciclo musical de La Antigua, en Zumarraga en 2002.
- Fue una experiencia preciosa poder hacer música en un lugar tan mágico y emblemático. Recuerdo el concierto como un momento muy especial y difícil de olvidar, por el incomparable marco y el bellísimo entorno.
- Sin embargo, es la primera vez que toca en San Sebastián con orquesta y en el auditorio del Kursaal. ¿Lo ve como una puesta de largo en nuestra ciudad?
- En cierto modo supone una presentación en toda regla en la Quincena Musical. Es todo un privilegio y un regalo por parte de la Quincena ofrecerme esta preciosa oportunidad de tocar aquí.
- Ante el encuentro de hoy ¿qué siente, nervios o ilusión?
- Más que nervios, uno siente una enorme responsabilidad a la hora de afrontar un concierto en un festival de este prestigio.
- El concierto supone, además, su primer trabajo con la Orquesta Sinfónica de Euskadi. ¿Cómo se ha sentido con ellos en los ensayos?
- Muy bien. Ha sido un placer trabajar con la orquesta. Tienen un nivel fantástico, gran ambiente y músicos extraordinarios. Es un verdadero privilegio poder colaborar con ellos.
-¿Es también la primera vez que toca dirigido por Andrei Boreyko? ¿Qué destacaría del maestro?
- Creo que lo que más puedo apreciar en un director de orquesta es su flexibilidad a la hora de adaptarse a cada solista en particular. Es muy interesante poder encontrar esos nexos de encuentro entre ambos actores.
- Va a interpretar el Segundo Concierto para piano y orquesta de Rachmaninov, un compositor ruso. ¿Boreyko, que es también ruso, le ha aportado nuevas ideas sobre su música?
- Sin duda. Estoy muy agradecido al maestro por todas sus aportaciones y sugerencias. Su experiencia y su conocimiento de este repertorio son innegables y para mí es una ocasión estupenda de aprender también de él.
- ¿Cree que el hecho de ser del mismo país que un compositor ayuda a su interpretación?
- Desde luego que existen ciertos factores culturales y de tradición que dotan a cada música de un bagaje diferente y a la vez particular y no hay una excepción con la música rusa. Hay elementos en ella que indudablemente tienen una raíz popular y nacional, por decirlo de una manera, pero la globalización también ha llegado a la música y hoy en día es más fácil acercarse a otras culturas.
- La obra que usted interpreta esta tarde es una de las más conocidas del repertorio que existe para piano y orquesta. ¿Es, por ello, el reto mayor que cuando se aborda un repertorio poco conocido?
- El grado de responsabilidad, entrega y honestidad con la partitura siempre debe ser el mismo, independientemente de lo conocida que sea una obra determinada.
- ¿No le preocupa que al interpretar una obra tan famosa el público esté esperando una versión concreta?
- Siempre me ha parecido lo más recomendable asistir a un concierto con la cabeza y el corazón libres de todo prejuicio y dejar que la interpretación que uno está recibiendo llegue directa y sin interferencias.
- Rachmaninov es un autor romántico, género en el que usted ha destacado. ¿Por qué cree que la crítica valora tanto sus interpretaciones de esta música?
- No lo sé, no me atrevería a comentar las valoraciones que realizan los demás sobre mi manera de hacer música.
- Su último disco en Harmonia Mundi, con Impromptus de Schubert, está recibiendo magníficas críticas. Se dice que usted es «un auténtico poeta» o un «Schubertiano nato». ¿Este tipo de comentarios le reafirman en su trabajo?
- Sin duda alguna, suponen un estímulo para seguir trabajando en la misma línea, pero también reconozco que hay que aprender a relativizar tanto las críticas positivas como aquellas que no lo son tanto.
- En una entrevista suya he leído que para usted «la música es una manera de entender la vida». ¿En qué sentido?
- Es difícil, por no decir imposible, disociar la música de tu vida cotidiana. Para un músico, más que una actividad profesional, la música supone un crisol por el que todo pasa y que condiciona muchos otros aspectos vitales. Música y vida serían como dos líneas que marchan en paralelo y a la vez entrelazadas.
- Tras su concierto en San Sebastián, ofrecerá un recital en el Merkin Concert Hall de Nueva York el 24 de septiembre. ¿Prefiere el recital solo que el concierto con orquesta?
- La música es un arte tan maravilloso que en cada género uno puede encontrar verdaderas joyas. La intimidad del recital, la magia de la música de cámara que te permite compartir con otros músicos vivencias y emociones y la gradiosidad de un concierto con orquesta... Todo es maravilloso.
- Un mes más tarde, estará en el Auditorio Nacional junto a la ONE para interpretar el Concierto en sol de Ravel y en diciembre, el EmperadorEmperador de Beethoven en la Concertgebouw de Ámsterdam. ¿Cada cita supone un nuevo reto?
- Cada cita es otra ilusión, otra oportunidad más de disfrutar de la música. Gracias a Dios, en los próximos meses tendré la fortuna de visitar salas como la Concertgebouw de Ámsterdam, el Carnegie Hall de Nueva York o el Teatro Teresa Carreño de Caracas junto a la Orquesta de Jóvenes Simón Bolívar. Todos estos trabajos me motivan de manera extraordinaria y suponen un privilegio para un joven músico.
-¿Qué hace que un reto sea mayor que otro: el repertorio o el auditorio?
-Muchos pensarán que el prestigio de la sala o de la propia orquesta, pero el mayor reto es la exigencia total con uno mismo esté donde esté, porque la música no entiende de lugares, sino de honestidad a la hora de abordarla, sea donde sea.
- ¿Qué obras le gustaría tocar?
- Uff, tardaría mucho en responder a esta pregunta. Me queda tanto repertorio por abordar, tanta gran música por conocer...
- Aunque lleva una carrera imparable, usted es todavía muy joven. ¿Le queda algún sueño por cumplir?
- Me gusta asumir que cada paso que voy dando lo disfruto y lo siento de manera muy especial. Tengo proyectos que para mí, más que sueños por cumplir, suponen ilusiones por realizar.