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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 24 mayo 2012

Cultura

CHILLIDA-LEKU, BERTRAND CHAMAYOU

01.09.08 -

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Hasta la propina tuvo lógica en el programa que Bertrand Chamayou ofreció ayer en Chillida-Leku y que tituló Entre el cielo y la tierra. Messiaen vertebró un repertorio en el que se dieron cita también compositores como Liszt, Debussy, Ravel y Scriabin, y como regalo, Bartók y su Lo que cuenta una mosca del Mikrokosmos. Todo fue una reunión de elementos de naturaleza: pájaros, agua, nubes... en un recital de buen nivel bien diseñado e impecablemente interpretado.

Muchas veces no se aprecia lo duro que puede ser un concierto para un intérprete. El calor se apoderó ayer del caserío Zabalaga y la mala suerte hizo que una alarma del museo sonara insistentemente durante todo el recital. Sin embargo, y a pesar de las malas condiciones, el pianista francés hizo gala de una gran concentración y de una técnica encomiable para defender un nada sencillo repertorio.
Messiaen y Scriabin fueron los compositores en los que más se lució un Chamayou que, en general, pecó de cierta aceleración en su discurso. En prácticamente todas las obras se echaron de menos pausas más acentuadas y quizá por ello, la música no resultó lo expresiva que se podría esperar en obras como Les jeux d'eau à la villa d'este de Liszt y especialmente en Jeux d'eau de Ravel. Sin embargo, su limpieza y claridad, su control técnico y su seguridad ante el teclado hicieron del recital un notable encuentro.
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