Muchas veces no se aprecia lo duro que puede ser un concierto para un intérprete. El calor se apoderó ayer del caserío Zabalaga y la mala suerte hizo que una alarma del museo sonara insistentemente durante todo el recital. Sin embargo, y a pesar de las malas condiciones, el pianista francés hizo gala de una gran concentración y de una técnica encomiable para defender un nada sencillo repertorio.





