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RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 24 mayo 2012

Gipuzkoa

PEDRO ODRIA ARANA, LEGAZPIARRA SOMETIDO A UNA REDUCCIÓN DE ESTÓMAGO

Al legazpiarra Pedro Odria, de 62 años, todavía hay gente que no le reconoce por la calle tras su pérdida de peso

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«La operación me cambió la vida: pasé de 180 kilos a los 92 que tengo ahora»
ANTES Y DESPUÉS. Pedro Oria, legazpiarra soemtido a una reducción de estómago, muestra sus antiguos pantalones. /F. MORQUECHO
DV. El legazpiarra Pedro Odria muestra orgulloso las cicatrices de la intervención a la que hace cuatro años fue sometido en el Hospital Donostia. «Me dejaron el estómago del tamaño de un yogur», afirma. A sus 62 años, soltero y ya jubilado, asegura que la intervención le ha cambiado la vida «para bien». Tanto es así que, tras perder 90 kilos, hay gente que todavía no le reconoce por la calle.
- ¿Cuánto llegó a pesar?
- Llegué a los 180 -mide 179 cm- y ahora peso 92. Antes de operarme, me daba miedo hasta pesarme -mete la mano en la cartera y saca una fotografía-. Este soy yo con 180 kilos.
- Parece otra persona...
- Hoy es el día que gente que ha trabajado conmigo durante 20 años no me conoce cuando paso junto a ellos por la calle. La enfermedad es de las malas porque se ve. Ahora voy a Donostia y nadie se fija en mí. Antes, con 180 kilos la gente me miraba de reojo.
- ¿Y cómo se sentía?
- Algunos eran descarados. Me sentía mal. Le dije al médico que sabía que había riesgos en la operación, pero que no quería estar toda la vida con miedo a comer un cacho de pan porque engordaba. Es duro. Casi prefería morir a seguir como estaba.
- Eche la vista atrás. ¿Cuándo comenzó a sufrir sobrepeso?
- Desde chiquitín. Me dijeron que nací con siete kilos. Los que me me conocen, siempre me han visto gordo. A los 14 años ya pesaba 100 kilos. Fui de voluntario a la mili en Irun y di en la báscula 120. No podía ir de maniobras... Luego, durante toda la vida siempre he andando entre 125-130 kilos. Iba a cazar, los sábados iba de cena a base de chuleta, gorrino, cordero... Cuando llegaba a 130 kilos hacía dieta. Pasaba hambre durante seis meses y bajaba hasta 115-120 kilos. Luego lo recuperaba en dos o tres cenas.
- ¿Y cómo llegó hasta los 180?
- En 2001 tuve un accidente en la fábrica. Trabajaba como operario en tren de chapa de Patricio Echeverria. Se me cayó una chapa y me rompió los huesos del pie. Tuve que estar cinco meses con muletas. Engordaba un kilo al día. Pensé que me iba a quedar en una silla de ruedas.
- ¿Qué problemas le acarreaba el sobrepeso?
- Tenía apnea del sueño y me daba miedo coger el coche para ir a la fábrica porque me quedaba dormido. Luego, por la noche, apenas dormía. Tengo un aparato con una máscara que todavía sigo utilizando para dormir. Además, andaba cien metros con la lengua fuera y tenía que pararme a descansar. La tensión la tenía a tope. Estuve tres años así.
- ¿Y el corazón?
- Tuve un amago de infarto. Un médico me dijo que con el cuerpo que tenía el corazón ya no podía más.
- ¿Con el coche tenía problemas de espacio?
- Siempre he tenido coches grandes. Eso sí, cuando compré el Patrol que tengo ahora me tuvieron que hacer un cinturón más largo porque no llegaba. Ahora me queda grande.
- ¿Cuándo pensó en operarse?
- El médico de cabecera me dijo que había unas operaciones. Me mandó a una doctora de corazón y pulmón a Zumarraga y de allí me mandaron al Hospital Donostia. A los seis meses me pusieron en lista de espera.
- ¿Tuvo miedo?
- Ese año por la televisión salían casos de gente que se moría. Una vecina de Irun falleció también en Donostia tras ser operada. Yo tenía más miedo a quedarme en silla de ruedas o a que me podía ir para el otro barrio si no me operaba.
- Y se operó.
- Todo fue de maravilla. Me abrieron -se levanta y muestra la cicatriz-. Me dejaron el estómago del tamaño de un yogur y me hicieron un by-pass gástrico.
- ¿Cuándo empezó a perder peso?
- En un mes bajé 14 kilos. Me dieron una dieta a base de sopas, todo triturado... Al segundo mes perdí doce kilos...
- ¿Le ha cambiado la vida?
- Vivo mejor, no tengo problemas de corazón, ni de tensión... Eso sí, tengo revisiones periódicas.
- ¿Ahora qué tal come?
- Como menos porque el cuerpo no me lo pide. Antes comía una chuleta y, aunque no tuviera hambre, la terminaba. Ahora no entra ni una aceituna más.
- Habrá tenido que hacer cambio de vestuario...
- Antes me hacía la ropa a medida en una modista. Me costaba el doble. En la empresa me daban, en lugar de pantalón y camisa, una tela para que me la hiciera. Ahora voy a una tienda y no cojo los pantalones más grandes. El cambio ha sido total. Con los ojos cerrados me volvería a operar y le animo a cualquiera.
- ¿Cómo es su día a día?
- Si hace bueno, ahora voy al monte a andar todos los días. Hago cuatro o cinco kilómetros. Antes no podía recorrer 500 metros sin pararme a descansar dos veces.
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