DV. Es una enfermedad crónica que «no tiene curación». Condiciona las actividades de la vida diaria. No poder atarse los cordones, no encontrar ropa de la talla deseada, dificultades para asearse... En muchos casos llega a extremos de rechazo social o de automarginación. La sociedad «es dura» y no perdona a quien ronda los 200 kilos de peso.
La obesidad mórbida afecta al 1% de la población de Gipuzkoa. Muchos de estos pacientes luchan a diario contra una enfermedad con un marcado «componente genético», que lleva aparejada otras muchas dolencias como cardiopatías, hipertensión, diabetes... «Además, produce una disminución del tiempo de vida de 10-12 años», afirma Luis Esteban Aldazabal, cirujano del Hospital Donostia.
Desgraciadamente, la obesidad mórbida responde mal a los tratamientos y muchos de estos enfermos deben recurrir a la cirugía bariátrica -principalmente, reducción de estómago- para perder el sobrepeso, recuperar parte de la calidad de vida perdida y, en ocasiones, salvar su vida de una muerte casi segura. «Tras la operación los pacientes dicen que son otras personas. Les cambia totalmente la vida», añade el cirujano.
En Gipuzkoa, cada año alrededor de cuarenta enfermos de obesidad mórbida pasan por el quirófano del Hospital Donostia, que concentra las intervenciones bariátricas en el territorio. En la actualidad, una veintena de pacientes de este tipo se encuentra en la lista de espera para entrar en el quirófano y para ello deberán aguardar cerca de un año. En todo Euskadi, las operaciones en la red pública rondan las 120 anuales.
«El sobrepeso se convierte en obesidad mórbida cuando el indice de masa corporal (IMC) -cifra que se obtiene de la división del peso del paciente por la estatura al cuadrado- llega a 40», explica Esteban, por cuyas manos pasan la mayoría de operaciones de cirugía bariátrica que se realizan en el Hospital Donostia.
La obesidad mórbida afecta más a mujeres que a hombres y su incidencia crece año tras año. «Estamos asistiendo a un aumento del índice de obesidad infantil realmente alarmante por el tipo de alimentación. No hay que olvidar que la premonición de la obesidad mórbida es la infantil».
Para pasar por el quirófano, aunque existen limitaciones de IMC de 40 y de una edad entre 18 y 60 años, las comorbilidades que presenta cada caso hacen que en ocasiones también se opere a pacientes con un IMC menor a 40 o a mayores de 65 años. «Cada caso se analiza», añade el cirujano.
Medicina interdisciplinar
Antes de que un enfermo de obesidad mórbida entre en la lista para ser intervenido, el paciente es tratado por diferentes especialistas. «Las normas de Osakide- tza contemplan al menos dos años en tratamiento con el endocrino para intentar adelgazar. Si se decide la cirugía, el endocrino manda al paciente al psicólogo-psiquiatra para que le haga una evaluación. Por otro lado, son evaluados por los neumólogos porque tienen problemas respiratorios, por cardiólogos... Es una medicina multidisciplinar», dice Esteban.
En el Hospital Donostia comenzaron a practicar intervenciones de cirugía bariátrica hace diez años. Empezaron realizando técnicas restrictivas, que solo reducían el tamaño del estómago. «Era una técnica que iba bien al comedor de grandes cantidades. Sin embargo, al picoteador, que toma pequeñas cantidades, no le iba bien. No adelgazaban lo que queríamos. A ellos les va mejor la cirugía mixta, restrictiva y malabsortiva, en la que adelgazan al comer menos cantidad y ser peor absorbida en el intestino».
El cirujano afirma que la técnica más empleada actualmente en el centro es el by-pass gástrico, que consiste en una reducción de estómago mediante grapado y la creación de un «puente» en el intestino para que «el jugo biliar y pancreático se encuentre más tarde con la comida y entonces pierdan peso porque los productos nutritivos se absorben peor».
En el Hospital Donostia, como ya se hace en la Clínica Quirón, están comenzado a implantar los balones intragástricos en el estómago por vía endoscópica como «paso previo a la cirugía bariátrica». No obstante, en el centro público donostiarra todavía tienen pendiente de implantar la cirugía bariátrica por laparoscopia, menos invasiva, que ya se practica en el Hospital de Txagorritxu.
Una vez operado, la pérdida de peso del paciente no es inmediata. Al principio puede perder entre 20-50 kilos en los primeros años. «Se considera un éxito en la cirugía perder el 50% del sobrepeso», explica el cirujano.
Riesgos
La intervención bariátrica está considerada una cirugía mayor y tiene riesgos importantes de los que se informa a cada paciente. Todos deben de firmar un procedimiento informado en el que se acepta que existe una mortalidad en torno al 1% de los casos, la mayoría en el post operatorio. «En los medios se habla de los muertos en las operaciones, pero nunca hablan de los que fallecen por no entrar en el quirófano. Es mayor el índice de muertos de obesidad sin operar que operados», sentencia Esteban.
Tras la intervención, cada paciente es sometido a controles periódicos. Una vez perdido peso, Osakidetza cubre la cirugía estética -abdominoplastia- asociada a la cirugía bariátrica.