Segundo concierto para solo de percusión y nueva satisfacción musical a cargo, en esta ocasión, del prestigioso Morris Palter, que demostró con propiedad su dominio con todos y cada uno de los instrumentos que expuso sobre el escenario.
El canadiense ofreció en el Kursaal un recital completo y ameno, con tintes cómicos y teatrales por momentos, pero siempre construidos sobre sólidos cimientos técnicamente impecables.
Su salida al escenario no fue muy normal que digamos. Palter se presentó descalzo y con el torso desnudo. La razón se entendió al instante. Corporel de Globokar toma el cuerpo del intérprete como instrumento musical para extraer de él las más diversas sonoridades utilizando las manos como herramienta principal. Una curiosa experiencia que sirvió para potenciar la compleja y dinámica relación entre la música y el artista. Tras ella, se produjo el estreno absoluto de Mandalaren Baitan de Urrutia, presente en el concierto.
En ella, Palter utilizó únicamente tambores de varios tipos diferentes con los que logró una lectura de lo más adecuada utilizando mazas, claves y sus propios dedos. Puramente rítmica y contrastante se presentó Bone Alphabet, que dio paso a Temazcal, en la que el genial Palter, ayudado por dos maracas, enriqueció la compleja música electrónica de la que se compone.
Tras la divertida Toucher, con texto enunciado, se interpretó Zyklus de Stockhausen, en la que Palter, rodeado de instrumentos, dio otra lección de maestría técnica destacando especialmente su labor en la marimba y el vibráfono.
En The Ragtime Robin y Log Cabin Blues dejó claro nuevamente su virtuosismo para redondear un recital que exigió justamente lo que Palter ofreció: inspiración y brillantez.