DV. Gipuzkoa ha padecido este mes atascos descomunales. Agosto siempre resulta propicio para las retenciones, pero se han batido todos los récords. Las colas en la autopista A-8 llegaron la semana pasada desde la frontera hasta la variante de Donostia, una colapso sin precedentes y que provocó a su vez retenciones en la N-I. Por si fuera poco, esta llegada masiva de vehículos genera efectos colaterales en toda la comarca del Bidasoa, especialmente en Irun.
La jornada de ayer volvió a ser complicada, con retenciones en los peajes de la frontera durante casi todo el día. Por la mañana el tráfico fue relativamente fluido, pero por la tarde las colas no bajaron de los seis kilómetros. A última hora de la tarde, la Ertzaintza informaba que las colas en Irun-Biriatou llegaban a los 10 kilómetros. En la N-I no se registraban retenciones, pero la densidad del tráfico hizo que la circulación fuera lenta.
La culpa, de Francia
El acuerdo firmado en mayo a bombo y platillo entre la entidad foral Bidegi y Autoroutes du Sud de la France (ASF) no ha servido para nada. Es papel mojado. El protocolo establecía que cuando se generaran importantes retenciones en la frontera, el peaje francés de Biriatou (A-63) y el guipuzcoano de Irun (A-8) se abrirían para paliar la situación.
A la vista del resultado, los responsables de las autopistas están ciegos y no ven las colas o ha primado el interés por llenar las arcas. Desde la Diputación se apunta a esta última razón, pero se atribuye el afán recaudatorio en exclusiva a ASF.
Este año, además, se ha padecido un inconveniente añadido. La concesionaria francesa está ampliando su área de peaje, obras que ralentizan un tráfico ya de por sí complicado: un cuello de botella dentro de otro cuello de botella.
La Diputación guipuzcoana admite que las colas han sido enormes. A pesar de esta situación, ni ASF ni Bidegi están levantando las barreras de los peajes de Biriatou y de Irun para aligerarlas, tal y como reza el protocolo.
Eneko Goia, diputado foral de Carreteras, achaca la responsabilidad de las retenciones a la concesionaria francesa. Goia explica que los atascos se generan en el peaje francés, donde se origina una cola de vehículos de siete kilómetros que llega hasta el área de cobro de Irun y, a medida que llegan más vehículos, se alarga hasta Oiartzun, Errenteria, Pasaia e incluso Donostia.
Goia señala que en estas circunstancias no tiene sentido levantar las barreras en Irun. «Abrir el peaje no mejoraría nada la situación. El atasco proviene de Biriatou. En los siete kilómetros que separan nuestra área de cobro de la francesa los vehículos están atascados, así que levantar las barreras en Irun no tendría ningún efecto».
El diputado señala que el protocolo firmado entre Bidegi y ASF está siendo cumplido por esta última de forma «conservadora». «Han levantado la barrera alguna vez, pero de manera insuficiente. ASF es una concesionaria privada y prima el cobro del peaje. Nosotros también debemos recaudar, pero podemos operar con más flexibilidad. De hecho, si el problema se generara en Irun hacia el lado francés, levantaríamos las barreras para evitarles el atasco».
Goia añade que Gipuzkoa ha hecho sus deberes. «La prueba de que el problema se genera en Biriatou la tenemos en el buen funcionamiento del peaje de Zarautz. Hace años también allí había atascos, pero desde la ampliación el problema se ha solucionado».
Goia duda de que la instalación de más cabinas que está realizando la ASF en Biriatou vaya a resolver la situación. «El problema también lo tienen en Biarritz. De hecho, creemos que utilizan Biriatou para regular La Negresse. Es decir, cuando se les acumula tráfico allí, ralentizan el paso por Biriatou y cuando Biarritz se desatasca, agilizan el paso aquí».
Muro de lo Pirineos
El problema de Biriatou no se limita a unas fechas concretas de verano. Los atascos se suceden en otras épocas vacacionales, puentes festivos en España o Francia, accidentes... El coste para Gipuzkoa es enorme, dado que tiene que soportar con los presupuestos forales el gasto que supone el mantemiento de una red viaria machacada por decenas de miles de vehículos, gran parte de ellos camiones.
El problema, a corto plazo, tiene difícil solución. La mejora de las áreas de peaje y la ampliación de la autopista (tercer carril) pueden paliar el problema, pero no solucionarlo. Otras alternativas, como el trasvase de las mercancías al ferrocarril o a los barcos todavía están en pañales.
La cuestión de fondo estriba en que el enorme tráfico que se genera entre España, Portugal y el norte de África con Europa y viceversa sólo dispone de dos rutas de entidad a través de los Prineos: Irun-Biriatou y La Junquera. Entre ambos pasos, centenares de kilómetros de macizo montañoso
Intentos como el de Navarra de abrir una nueva autopista a través de su territorio no han contado con una respuesta positiva al otro lado de la muga. Aragón, por su parte, hizo una enorme apuesta por mejorar las comunicaciones con la apertura del ultramoderno túnel de Somport, en la confianza de que Francia haría un esfuerzo similar, pero lo cierto es que tras esta infraestructura los conductores se encuentran con una carretera de tercer orden.
Gipuzkoa, por tanto, seguirá siendo un embudo. Sólo cabe aprovechar nuestra posición estratégica y reducir en lo posible los negativos efectos colaterales.