Bernabé Tierno va a abarrotar hoy a las 19.30 horas el Aula de Cultura de DV en el Palacio Miramar, así como las conferencias que impartirá en los Cursos de Verano. Seguido por miles de lectores irradia optimismo, una cualidad que todos quisiéramos poseer, sobre todo cuando acechan las tragedias de la vida. «Lo pesimistas no son sino espectadores, son los optimistas los que transforman el mundo», dice recordando la frase de Francoise Guizot.
- ¿Optimismo ante todo?
- Sí. El optimismo es la emoción y el sentimiento positivo que aglutina a todo, las ganas de vivir, la ilusión, el júbilo, el sentido del humor... Una persona optimista es realista. Hay gente importante -como Saramago, García Lorca- que confunde y habla de realistas, optimistas y pesimistas y no es así. Hay optimistas y pesimistas de diversos grados, pero los optimistas siempre son realistas. Me duele que digan que el optimista es una persona con poca responsabilidad, un 'cantamañanas', alguien que se toma la vida como una juerga.
- ¿Habla de optimistas vitales?
- Son aquellas personas que cuando viene un fracaso tremendo, amoroso, cuando le dicen que tiene una grave enfermedad sabe interpretar ese acontecimiento de un modo positivo. La diferencia entre un pesimista y un optimista vital es que para éste la vida es vida mientras tiene su esperanza. Por ejemplo, la cantante gaditana Chambao que con 32 años le han diagnosticado un cáncer dice que a partir de ahí ha aprendido a vivir, ha dejado de pensar en bobadas y ahora le da importancia a lo que en realidad tiene valor.
- Pero la vida está llena de problemas...
- Y de soluciones. A veces, cuando los problemas vienen, el optimista, en lugar de hundirse en la miseria busca una solución, la mejor que pueda encontrar. A lo mejor no es la solución matrícula de honor, pero es una respuesta. Éstas son personas tónicas y las demás son tóxicas.
- ¿El pesimismo repercute en la salud?
- Claro. Nos convertimos en lo que pensamos. Una persona que habitualmente tenga pensamientos derrotistas enferma antes, vive unos diez años menos... Desgraciadamente, esto no se enseña habitualmente.
- ¿Y existe una disposición genética que ayuda a ser optimista o es algo que se aprende con la vida?
- Bueno, imagínese un niño que nace en un hogar donde los padres apenas tienen amigos, no dialogan prácticamente entre sí, son poco comunicativos, no se fijan en la cualidades de sus hijos, no les dan cariño expreso -abrazos, besos-. Ese niño no va a ser demasiado optimista, aunque tenga una carga genética que le predisponga, este bagaje vale un 30%. Mis hijos no tienen más remedio que ser optimistas, yo lo soy, mi padre -un sencillo labrador de pueblo- lo era. Mi hijo es una pasada de vitalidad, lo mismo que mi nieta Laurita. El optimista nace pero también se hace con la educación, con el entorno, la familia, la escuela.
- Ya, pero decírselo a una persona que ha perdido a un familiar o incluso a cuatro, como en la reciente tragedia del aeropuerto de Barajas, puede sonar a frivolidad.
- Pues mire, este hecho tan luctuoso, tan terrible, apoya mis tesis. Cuando viene la desgracia hay que asumirla y aceptarla. Pasar página lo antes posible. Ante una situación de éstas hay que adaptar un tipo de respuesta. La de los que pasarán el duelo rápidamente, los optimistas vitales. Ese ser o seres queridos que ha perdido les dirían: 'Si tú ahora en lugar de vivir te vas a dedicar a morir en el dolor y la pena, si te quedas en el luto eterno te van a venir toda clase de enfermedades'. No hay más remedio que restablecerse. Claro que vas a estar un tiempo de duelo pero tienes que aceptar la realidad. No puedes hacer nada. ¿Qué, te vas a quedar toda la vida llorando? ¿No me importan los demás que quedan, y yo mismo?
- ¿Hay que aprender a vivir con el dolor?
- Sí, de lo contrario hablamos de personas pesimistas que no saben vivir, que están yendo en contra de la propia vida, ya habrá otros que digan: 'claro que me duele, pero este ser querido mío va a estar siempre presente en mi corazón y voy a vivir la vida como a él le gustaría'. Él nunca me diría 'sigue siempre llorando'. Una cosa es el dolor, pero no hay que instalarse en él. A veces, en la consulta te encuentras con personas que lo que buscan en que te compadezcas de ellas. Que se encuentran bien con su dolor. Yo les digo que tienen que cambiar.
- ¿En este sentido, el optimista es más sabio ante la vida?
- Sin duda, tiene inteligencia para la vida, pero es que esto no se enseña y hay que enseñarlo. ¿De qué sirve una persona metida en el dolor pensando constantemente, mañana, tarde, noche, que ya no tiene a su Pepe, a su Margarita... Esa persona en un ser doliente que se amarga la vida a sí mismo y a los demás. Repito, son tóxicos.