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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 21 abril 2014

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Los 'langostinos verdes' de Ibarra hicieron las delicias de los cientos de personas que se acercaron a probar la cosecha

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«Están buenísimas». «En su punto, no pican mucho, pero tienen sabor». «Perfectas». El veredicto de la entendida población de Ibarra no dejaba lugar a dudas: los langostinos verdes mantienen este año muchas de sus virtudes a pesar de que la cosecha no ha sido especialmente buena. Ibarra vivió ayer la tradicional degustación de piparras y tomate del día de San Bartolomé y un año más fue todo un éxito de asistencia. La jornada festiva se abrió con el desfile de la tamborrada infantil y a mediodía todo el protagonismo recayó en las piparras, que dan fama al pueblo y traspasan fronteras.
Los 225 kilos de guindillas fritas ofrecidos por los hortelanos de la localidad, Zubelzu Piparrak y Cooperativa de la Piparra y los 500 kilos de tomates hicieron las delicias de todos los asistentes y se agotaron en un abrir y cerrar de ojos. Cuando los platos empezaron a desfilar por la plaza de San Bartolomé, nadie entró en disquisiciones acerca de si la cosecha había sido buena o mala. Había que dar buena cuenta de la materia prima y después ya habría tiempo de valoraciones.
Aunque los elogios fueron casi unánimes, Patxi Izaguirre, del caserío Montes, comentaba que «la cosecha ha sido bastante mala tanto para el tomate como para la piparra, el tiempo no ha acompañado nada». El mal tiempo del invierno y de la primavera, junto con los cambios de temperatura del verano, han perjudicado a la maduración del tomate, mientras que «la piparra se ha plantado un mes más tarde, por lo que llevamos un mes de retraso. Teníamos que haberlas plantado en mayo y lo hicimos en junio, pero aún así están muy buenas», afirmaba Patxi mientras repartía platos de guindillas a diestra y siniestra.
Los encargados de catarlas no ponían demasiadas pegas. «No pican mucho, pero tampoco están sosas», aseguraba Mikel, un tolosarra que había llegado a Ibarra dando un pequeño paseo para probar la clásica piparra. La donostiarra Sandra ponía alguna objeción: «Están bastante sosas. A mí me encanta el picante y me gusta que las guindillas estén algo más fuertes, pero en cambio el tomate está perfecto. Yo diría que es el mejor tomate que he comido nunca».
Para acompañar la degustación no faltó el pan y el vino. Los hortelanos repartieron 350 botellas de vino tinto del año y clarete navarro y 300 barras de pan. Carlos Etxeberria, de Alur Dantza Taldea, que echó una mano sirviendo vinos, señalaba que «lo mejor para acompañar el sabor peculiar de la piparra es un trago de buen vino, aunque la combinación que ofrecemos con el tomate también ayuda a reducir el picor».
Décadas de tradición
La primera degustación de piparras y tomate en Ibarra se remonta a 1970. Por aquel entonces era necesario introducir este producto en el mercado y que la gente lo conociese. Patxi Izaguirre recuerda que «yo tenía 14 años cuando se celebró la primera degustación, los hortelanos pusieron la piparras y el ayuntamiento el vino, y se colocó una pequeña carpa aquí en la plaza. Así comenzó todo y se decidió repetir hasta hoy, que ya se ha convertido en un clásico. Como siempre ha sido una degustación gratuita, mucha gente aprovecha para irse con la tripa bien llena, pero nosotros estamos encantados de divulgar la tradición de nuestros productos más famosos».
La guindilla de Ibarra se caracteriza por no tener un sabor excesivamente fuerte. En Euskadi es un producto muy popular con el que se condimentan cantidad de platos, y tiene un hueco privilegiado como sacramento de las alubias de Tolosa o los potajes en general. El mejor momento de este producto llegó cuando obtuvo en 1997 el Label de Calidad Alimentaria 'Kalitate'. En la concesión de este label se destacaba que se trata de unas guindillas carnosas, enteras, consistentes, de piel fina, aspecto fresco y color uniforme. Las piparras de Ibarra son recolectadas a mano y a continuación se clasifican por tamaños. Una gran cantidad de la producción anual se embota cubierta de vinagre de origen vínico para su buena conservación, aunque fritas también son un manjar.
Las piparras y el tomate no son el único tentempié que se degusta en las fiestas de Ibarra, que si por algo se caracterizan es porque en ellas es muy difícil pasar hambre. Esta misma mañana, también a las 12.00 en la plaza de San Bartolomé, se celebra otra degustación de altura: esta vez de marmitako y bonito a la parrilla regado con vino de la Rioja Alavesa. Casi nada. A la misma hora y en el mismo lugar habrá una exhibición de deporte rural con aizkolaris y harri-jaso-tzailes.
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