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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2009

Sociedad

AL DÍA

Salvados por el destino, intentan superar las heridas del cuerpo y del alma, después de que ayer falleciera la víctima mortal número 154
24.08.08 -

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MADRID. DV. David Dunn, guarda de seguridad, un tipo anodino con un matrimonio lleno de goteras, se convierte en el único superviviente de un terrible accidente ferroviario, algo milagroso que le da qué pensar. Tras conocer a Elijah Price, un extraño personaje que padece una enfermedad que le provoca extrema debilidad en los huesos, Dunn descubre que no es simplemente un favorito de la fortuna, sino que posee una naturaleza sobrehumana, que es como un superhéroe de la factoría Marvel, un regalo que de alguna forma viene a compensar la debilidad de su nuevo amigo, el 'señor Cristal'. El vuelo JK 5022 rumbo a Gran Canaria no tenía previsto proyectar 'El protegido', la película de M. Night Shyamalan protagonizada por Bruce Willis y Samuel L. Jackson, ni ninguna otra. En realidad, no hubo siquiera un vídeo con las normas de seguridad, que las azafatas explicaron a la antigua usanza, con la mascarilla, el chaleco salvavidas y los gestos. Pero cuando el avión se estrelló alguien creyó que asistía a una producción en 3D, con unos efectos especiales que incluían el movimiento de la butaca y fuego y muerte a su alrededor.
REALIDAD Y FANTASÍA
«¿Cuándo termina la película?». La pregunta, realizada en medio de un amasijo de hierros por Jesús Alfredo Acosta Mendiola, un niño de ocho años, al bombero Francisco Martínez, que acudió a rescatarle, quedará para siempre como recuerdo terrible del accidente aéreo que el pasado miércoles se cobró 153 vidas en Barajas, a la que se sumó ayer la de María Luisa Estévez, que no logró reponerse de sus graves quemaduras. La delgada línea entre la fantasía y la realidad. «¿Cuándo termina la película? ¿Dónde está mi padre?». «El pequeño, desorientado, me preguntaba si era verdad lo que estaba ocurriendo», confiesa el bombero.
Agosto de 2008 era una promesa de nuevos horizontes para Jesús Alfredo: un viaje desde Torralba de Calatrava (Ciudad Real) a Canarias, una experiencia para contar después a sus amigos del colegio. La familia se había empadronado en 2005 en Torralba, de donde es natural la madre del niño, Gregoria Mendiola, de 45 años. La mujer se encuentra ingresada con traumatismo craneoencefálico y múltiples contusiones. Estado: muy grave. Su marido, Alfonso Alfredo Acosta, de nacionalidad colombiana, ya nunca podrá acudir a la llamada de su hijo.
Jesús Alfredo ingresó en el Hospital Niño Jesús con una fractura en una pierna. Un milagro como el de David Dunn, el protagonista de 'El protegido'. El personal sanitario que le atiende destaca su entereza y vitalidad. «Al llegar se quejaba de algunos dolores, pero lo que más le preocupaba era encontrar a sus padres». Todavía no conoce la suerte que han corrido, una información que la familia y los psicólogos tendrán que destilar poco a poco.
RENACIDOS EL 20 DE AGOSTO
De las 18 historias de los renacidos el 20 de agosto de 2008 las protagonizadas por niños son las más conmovedoras. El bombero Francisco Martínez fue, sin saberlo entonces, el ángel de la guarda de los tres menores supervivientes. «Nunca se está preparado para algo así». Cuando junto a su compañero Fernando García llegó a los restos del fuselaje el decorado era dantesco, con cadáveres calcinados y algunos heridos que permanecían quietos en sus asientos, en la parte delantera del aparato, con un gesto mezcla de horror e incredulidad, o deambulando sin brújula en la tierra quemada. Martínez nunca olvidará el encuentro con Amalia Filloy, una aparición fantasmal en medio de la humareda, que sintiendo el aliento de la muerte tuvo claras sus prioridades. «Salve primero a mi hija».
La niña, María Alonso Filloy, de 11 años, se encontraba «totalmente desorientada», no se quejaba ni hablaba a pesar de la gravedad de sus heridas. Ingresada en La Paz con una fractura abierta de fémur, permanece en observación y estable. Su madre tomó su última decisión por ella. Probablemente le dio la vida por segunda vez. Su hermana, Marta, de 14 años, también murió en el siniestro, y su padre, José, tiene fracturada la pelvis y se recupera en el mismo hospital. La familia regresaba de pasar las vacaciones en el pueblo salmantino de La Fregeneda, donde nació José, que es funcionario de prisiones y está destinado en Canarias.
Al tercer menor, Roberto Álvarez Carretero, de 6 años, también se le quebró la aventura que compartía con su hermana, María, que viajaba a su lado y no lo consiguió. Permanece en observación en la UVI de pediatría del Ramón y Cajal aunque, según sus familiares, más por precaución que por la gravedad de sus heridas, un traumatismo craneal y contusiones en la cara. Su madre ya ha identificado el cadáver de María, con quien Roberto ya no podrá compartir juegos ni confidencias.
MARIONETAS DEL DESTINO
Algunos supervivientes del JK 5022 se vieron envueltos en circunstancias que les convirtieron en marionetas del destino. María Loreto González Cabanas, de 57 años, tenía billete para un avión que salía tres días después, pero lo cambió para acompañar a su hija Clara, que no quería viajar sola. Clara Díaz era hija adoptiva de María Loreto, por lo que las pruebas de ADN practicadas a los demás fallecidos no han servido para la identificación del cuerpo de la joven. Los familiares, tres días después del siniestro, aún esperaban una llamada de los forenses. Tenía ya asignado un asiento en la fila 27, próximo a los motores, y cuando su madre intentó hacerse con una plaza cercana no lo consiguió; sólo quedaban asientos en la parte delantera, una ubicación que le salvó la vida. Vecina de Monforte de Lemos (Lugo), Keka, como es conocida por los suyos, presenta traumatismo craneoencefálico, torácico y fracturas en las extremidades, pero su evolución es positiva. Dicen los vecinos de Monforte que «la madre se salvó porque su destino no era irse con su hija».
Antonia Martínez también viajaba en el morro de la aeronave, el único lugar donde se pudo, al menos, jugar a la ruleta rusa. Auxiliar de vuelo que se encontraba en tránsito, sólo ella de entre toda la tripulación vive para contarlo, pues los nueve compañeros fallecieron. El caso es que las auxiliares suelen ocupar los asientos traseros, pero ella encontró acomodo en el 1-E. Otra decisión de las que reescriben el futuro. Natural de Úbeda (Jaén), de 27 años, se recupera de quemaduras faciales y fracturas en un brazo y costillas. Tras el impacto salió despedida y acabó con sus huesos en el río, donde la encontraron los equipos de rescate. Su familia y compañeros de Spanair la arropan durante estos días, y ella les corresponde, pues es fuerte de ánimo. Antonia, Toni para los amigos, licenciada en filosofía inglesa, ha dejado no obstante un mensaje claro: «No volveré a volar nunca más».
DIAGNÓSTICO Y AUTOCURA
Alguien celebra hoy su 42 cumpleaños como si fuera el primero: la colombiana Ligia Palomino, médica del Samur que ha sido, por ahora, de los pocos supervivientes con fuerzas para relatar la horrible experiencia. Intervenida quirúrgicamente por una fractura de fémur, hace un par de días abandonó la UCI del Hospital Ramón y Cajal para proseguir su recuperación en planta. «Dios me está dando una nueva oportunidad. He vuelto a nacer y sé que tengo que hacer muchas cosas grandes en la vida». Ligia fue capaz de diagnosticarse sola en medio del caos, de reconocer «como entre sueños» las voces de sus compañeros, llamarles por su nombre y explicarles cómo debían tratar sus heridas. El también miembro de este servicio de emergencias, José Pablo Flores García, de 29 años, que viajaba con su hermana Ana, muerta en el accidente, presenta un cuadro peor. Ingresado en La Paz, sufre fracturas costales y traumatismo torácico con hemoneumotórax.
En el Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes se encuentra Beatriz Reyes, memorable protagonista de su propia salvación y de la de dos niños que estaban cerca de ella. Beatriz se hizo un torniquete en una pierna para frenar la hemorragia y ayudó a sacar a dos pequeños. Los agentes de Protección Civil la encontraron en su asiento con el cinturón de seguridad puesto. Esta valiente mujer de 41 años, nacida en Valleseco (Gran Canaria), directora de zona de Caixa Galicia en Las Palmas, regresaba de unas vacaciones en Johannesburgo (Sudáfrica) con unos amigos, de los que se despidió en Madrid. A las 14.45 horas, poco antes del despegue, telefoneó a su hermano Carlos para decirle que el vuelo se retrasaba a causa de un problema técnico. La siguiente llamada que recibió Carlos procedía de un número desconocido, el móvil prestado por un bombero a Beatriz. «Hola, he tenido un accidente, pero estoy bien». Fractura abierta en la pierna derecha como único peaje físico por escapar del infierno.
SALVADO AL VOLAR EN PRIMERA
Desorientado y masticando la peor experiencia de su vida llegó al mismo hospital Rafael Vidal, un madrileño de 30 años cuya intención era coger un vuelo temprano para pasar unas minivacaciones en Canarias. Como no encontró sitio, optó por el primero de la tarde, el JK 5022. Nada más despegar notó los bandazos del aparato. Sus padres, que en un principio pensaron que Rafael había fallecido, se hacen eco de un relato estremecedor: «Cuando desperté supe que estaba entre un amasijo de hierros, pero ni me di cuenta del fuego. Sólo oía a la gente gritar ¡Me ahogo!». Este ingeniero de Telecomunicaciones estaba sentado en el lado derecho de la fila 2. Algunos asientos se habían desprendido y le aprisionaban, pero podía respirar. Volar en primera clase le salvó la vida. Ha sido operado de la pierna, tiene dos vértebras rotas y una fuerte contusión en la zona pulmonar.
EN LA SALUD Y LA TRAGEDIA
El matrimonio formado por Ángeles Carpintero Ruiz, de 67 años, y Rafael Moreno Pérez, de 68, del barrio santaluceño de Los Llanos, en Gran Canaria, podrán seguir escribiendo los renglones de su historia juntos y cantando en la coral a la que pertenecen, una de sus pasiones. Ángeles sufre un traumatismo craneoencefálico severo y una fractura abierta de la tibia izquierda. El último parte médico apuntaba que está estable dentro de la gravedad. Su marido es tratado de quemaduras por inhalación en el Hospital de La Paz. Leandro Ortega, canario de 22 años que se recupera en el 12 de Octubre de una contusión pulmonar y de fracturas en el esternón y varias vértebras, viajó a Madrid para realizar un curso laboral. Podría haber regresado nada más acabar y hoy sería un espectador más de una tragedia que ha alcanzado a muchos de sus paisanos. Sin embargo, pensó que sería una buena idea quedarse una noche más para conocer la capital.
Pedro Ángel González, de 40 años, que se encuentra ingresado en La Paz y evoluciona favorablemente de las fracturas de los fémures y la pelvis, es una persona muy querida en la localidad madrileña de Boadilla del Monte. Trabaja en una gestoría de la localidad y viajaba sin acompañante a Canarias a la boda de unos amigos. Su padre, Pedro González, fue miembro de la Policía Local de Boadilla, y tras su fallecimiento el Consistorio le rindió homenaje dedicándole una de las calles del municipio. Como los demás, este herido compró su pasaje hacia la salvación al viajar en la parte delantera y salir brutalmente despedido de la aeronave tras el impacto.
UN VIAJE ANGUSTIOSO A MADRID
La noticia llegó al día siguiente a Valseca, un pueblecito situado a diez kilómetros de Segovia, donde Pedro Hernangómez nació hace 57 años. Su paisano estaba vivo. En realidad, pocos le recuerdan, pues hace mucho tiempo que cogió el petate y emigró a Gran Canaria, donde regenta una empresa de electricidad. Cuando se enteraron del accidente, su mujer y su hija viajaron a Madrid sin tener noticias de él y acompañadas de los peores presagios. Pedro visitó su pueblo en junio para disfrutar de la Fiesta de Exaltación del Garbanzo. Permanece ingresado en el Hospital Ramón y Cajal y su pronóstico es grave: tiene fracturas en el hueso malar, en el fémur derecho y en el tobillo izquierdo, además de complicaciones en los pulmones causadas por las múltiples contusiones.
Kim Yvonne Tate Pérez, una profesora canaria de 30 años, volaba de regreso a casa. El parte habla de un neumotórax izquierdo y un politraumatismo. Ingresada en el Hospital de La Princesa, su pronóstico es grave, aunque evoluciona favorablemente.
Anna Maija Stefanides, 56 años, finlandesa afincada en Suecia, tiene cuatro costillas rotas y un corte en la cabeza. El fuego no la alcanzó, algo que le parece increíble a su marido, Peter, que no se separa de ella en el Hospital Ramón y Cajal. Se enteró de la catástrofe por televisión. Anna viajaba a Las Palmas para visitar a unas amigas noruegas que residen allí. Peter, en una decisión que ha levantado no poca polémica, decidió subastar la exclusiva de la primera entrevista que conceda Anna contando su traumática experiencia. «El dinero irá a mi mujer, para la difícil rehabilitación a la que se enfrenta», y la entrevista se producirá «cuando los médicos decidan».
La paciente con más problemas, María Luisa Estévez González, una abogada canaria de 31 años que había pasado sus vacaciones en Madrid y que regresaba a casa, se convirtió en la tarde de ayer en la víctima mortal número 154. Presentaba quemaduras en el 72% de su cuerpo. Su estado era crítico y luchaba por su vida en la Unidad de Quemados del Hospital de La Paz con el apoyo de sus padres y hermanos, que se desplazaron a la capital desde Las Palmas cuando tuvieron noticia del suceso. La joven perdió una titánica batalla de más de 72 horas.
RETRASOS Y CAMBIOS
Otras personas debieron subir a ese avión, quién sabe si en lugar de algunas que murieron y consiguieron el billete a última hora. Un retraso, la casualidad o un cambio de planes decidieron la suerte o la fatalidad. Casi como una moneda lanzada al aire. Por ejemplo, una pareja de canarios que regresaba de sus vacaciones en Turquía y hacía escala en Madrid para coger el vuelo de Spanair decidió alargar su estancia para ver el espectáculo de 'La Bella y la Bestia', que apura sus últimos días de representación. Los dos hijos de una holandesa afincada en Gran Canaria tenían previsto viajar desde Alemania, donde están estudiando, a Madrid, y después a las islas en el avión accidentado, pero cambiaron de vuelo. Y otra pareja también canaria se quedó en tierra por sólo tres minutos. Tres minutos de retraso que valen toda una prórroga.
Jesús Alfredo, Gregoria, María, Roberto, Ligia, José Pablo, Beatriz, Rafael, Ángeles, Leandro, Kim, Pedro... La vida les ha dado una nueva oportunidad. No son superhéroes, como el protagonista de 'El protegido'. Sólo supervivientes. «¿Sabes lo que da más miedo?», le pregunta Elijah Price a David Dunn. «No saber cuál es tu misión en este mundo, no saber por qué estás aquí. Es una sensación horrible». Esa es la batalla que tendrán que afrontar los 18 supervivientes del JK 5022 después de este renacer con dolor.
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