Tiene un punto excéntrico apabullante. Un toque estrafalario impresionante. Es una mistura de película sobre patricios yanquis e hirviente diatriba sureña a lo Tennessee Williams, que deja al espectador entre turulato, estupefacto y absolutamente entregado a una historia en la que muchos han encontrado reminiscencias del George Cukor que tan bien conocía a los ricos (Historias de Filadelfia) y del John Irving capaz de retratar de un plumazo a toda la Costa Este de los Estados Unidos en una novela de título tan apoteósico como Príncipes del Maine, Reyes de Nueva Inglaterra. Pero es que además, siendo tan deliciosamente estrambótica como lo es, no faltará alguien a quien la visión de aquellos apetitosamente increíbles Tenenbaums (director Wes Anderson, la Huston y el Gackman entre los protagonistas) no le cruce la mente entre ráfaga y ráfaga de locura cinematográfica. Gente poco corriente es un pedazo de cine astracanado que las mata con bazooka y balas dum dum. Retrato exacto y cruel de una tribu oficialmente civilizada (patriarca eunuco, nieto violador, hijas en perpetuo estado de absoluto socorro etílico, racismo soterrado...) que se comporta exactamente igual a como lo hace otra perdida en la selva amazónica a la que, científicamente se la denomina salvaje.
Combinando imágenes selváticas con fotogramas rodados en casas solariegas que en el fondo se avergüenzan de tener sólo 300 años de antigüedad (estamos en Estados Unidos, aquí no hay nada más antiguo), Gente poco corriente narra el aterrizaje totalmente forzoso de una criatura en su adolescencia. Sí, por supuesto: primer amor, primer dolor. Pero también mucho más.Muchísimo más: madre cocainómana profunda interpretada al dente por Diane Lane, y encontronazo frontal (también anterior) con un supuesto hermano de alma que, precisamente, intentará arrebatársela.
Dicen que Finn (curioso, comparte apellido con Huckleberry, la criatura de Mark Twain) es un héroe dickensiano. Para aquellos que todavía no hayan leído a mister Charles digamos que también tiene un maravilloso punto de Harry Potter, por eso de la ausencia del padre y otras tantas cosas más. Gente poco corriente corre deliciosa por la pantalla y ante nuestros ojos como un gazapo que brincase entre cadáveres exquisitos y esqueletos guardados en los armarios. Tiene estilo, tiene una rabia burbujeante y una fe, una gran fe en algunos de sus personajes. No en todos. Sólo en aquellos que realmente se lo merecen. Porque a la larga (también en corto) Gente poco corriente es una fábula moral.