Paula Radcliffe salió de la zona mixta del Estadio olímpico entre lágrimas. Igual que en Atenas hace cuatro años, cuando acudió a correr el maratón olímpico con las máximas ilusiones que luego se quedaron en nada. En la capital griega, a donde llegó con el récord del mundo aún calentito, fue un ataque de ansiedad por la obsesión que tiene de conseguir el título olímpico que le falta en su palmarés lo que le hizo abandonar la carrera en el kilómetro 36. En la capital china acabó la prueba, pero mal.
Fuertes dolores en la pierna izquierda como consecuencia de l déficit de preparación derivado de su reciente y grave lesión le llevaron hasta la vigésimotercera posición. Muy poco para la única mujer en la historia del maratón que ha corrido en 2h.15 -a más de tres minutos de la siguiente en el ranking histórico, la keniana Ndereba-, 17 minutos menos que la marca que realizó.
Para la cita de Pekín no se pudo preparar en las mejores condiciones. El año pasado, tras nacer su hija Isla el 17 de enero, sufrió una intervención quirúrgica por una fractura de estrés cerca del pubis que no le permitió volver pronto. Más tarde, y cuando trataba de preparar estos Juegos, padeció una pequeña rotura de estrés en el fémur izquierdo que le hizo ser seria duda.
Pero esta corta preparación le pasó factura. En un maratón olímpico nadie regala nada. Los galones se ganan y se pierden en cada prueba, no se conservan. Así, cuando intentó ir a la caza de la rumana Tomescu, escapada antes del paso por la media maratón, se resintió. Fue su final deportivo. Comprendió que a ese ritmo no llegaría y se conformó con acabar. Sin más.
«No podía correr al ritmo de Tomescu; no forcé la máquina porque sabía que iba a ser todo el trabajo para nada porque no podría llegar a la meta a ese ritmo», dijo. Muy corta de forma se descolgó primero del grupo perseguidor y, aunque trató de resistir tanto como fue posible, no pudo estar en la pelea. Incluso, hubo un momento en que dio la sensación de que iba a detenerse.
«Estaba realmente dolorida. No paré para abandonar, sino para estirar. No era un dolor agudo, porque si no hubiese parado definitivamente, pero sentía que corría con una sola pierna porque con la derecha no podía».
Sin suerte
Y es que a la atleta británica de 34 años, madre de una niña en enero del año pasado, los Juegos Olímpicos parecen atragantársele. Fue quinta en Atlanta'96 en los 5.000 metros y cuarta en Sydney'2000 en los 10.000. Pero en el maratón no ha conseguido nunca nada.
Dentro de cuatro años, en Londres, ante los suyos, lo intentará de nuevo -«tengo los dedos cruzados para ver qué pasa en Londres 2012», dijo-, en un recorrido que conoce de sobra, donde ha conseguido el récord del mundo y en el que ha ganado ya en cuatro ocasiones.
El oro fue para la rumana Constantina Tomescu, que encontró el premio estelar a su dilatada carrera y a la valentía mostrada cuando decidió emprender la aventura en solitario antes de la mitad de la prueba.
Con 38 años, nacida en Turburea, Tomescu -Dita de soltera-, logró el éxito más importante de su vida, puesto que hasta ahora se había tenido que conformar con el bronce en los Mundiales de Helsinki'05 y con el título universal, pero de medio fondo, en Edmonton'05. La plata fue para la keniana Ndereba, mientras el podio lo completó la china Zhou.
Por lo que respecta a las españolas, la mejor clasificada fue Yesenia Centeno, que finalizó en el puesto 45 (2.36.25), en tanto que Alessandra Aguilar fue la 54 y María José Pueyo la 64.