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RSS | ed. impresa | Regístrate | 20 marzo 2010

Gente

de la ceca a la meca

17.08.08 -

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Un viaje al corazón de los Andes, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, donde se asientan los últimos vestigios de la milenaria cultura chavín, me dio la oportunidad de tratar con los actuales quechuas del Perú. Gente sencilla, humilde, exenta de doblez, de cuya experiencia y filosofía de vida podemos aprender mucho.
Una de las primeras enseñanzas es que la generosidad vale más que cualquier riqueza. Aquellos quechuas andinos prescinden del dinero pero poseen una economía estable basada en la reciprocidad: intercambian bienes cuyo valor no es objetivo sino subjetivo, de ahí que sea fundamental la confianza mutua y la generosidad. Esa misma generosidad se hace extensiva a las divinidades que aseguran el sustento material para la vida. Ello se manifiesta en el complejo rito de challa, mediante el cual dan de comer determinados alimentos y de beber ciertas bebidas a la Madre Tierra, Pachamama, como afirmación de su gratitud.
Otro aspecto instructivo es el sistema democrático que rige en las comunidades quechuas. Periódicamente se reúnen en asamblea comunal donde deciden lo que es mejor para el colectivo. Todos se implican en la participación (las mujeres sólo si son viudas, el marido está ausente o el tema les afecta directamente) y no se conforman con llegar a acuerdos por mayoría simple, sino que hablan y hablan hasta alcanzar un consenso lo más amplio posible, aunque eso les obligue a largos y agotadores debates. ¡¡¡Igual que aquí!!!
La ecología, entendida como el provecho respetuoso de los recursos naturales, es algo que los quechuas llevan a rajatabla. Sus hogares están construidos aprovechando lo que les ofrece el medio y adaptándose a las condiciones climáticas del lugar: en las zonas del altiplano son casas pequeñas, con minúsculos ventanucos, donde todos duermen cerca del calor de la cocina; por el contrario, los quechuas de los valles y zonas de clima cálido (las llamadas yungas) tienen casas espaciosas y abiertas. Hace 2.500 años los quechuas ya domesticaban a las llamas cuya piel les abriga, su estiércol les sirve de fertilizante y combustible, y que, como puede verse en la foto, sigue siendo su más fiel compañero para moverse por los quebrados senderos andinos.
Aún me queda por decir que los quechuas fueron los primeros en cultivar la patata y descubrieron un sistema para su conservación durante largo tiempo sin pérdida de valor nutritivo: sometiéndola a cambios de temperatura extremos la deshidratan obteniendo así una pasta llamada chuño. Se trata del más antiguo antecedente de lo que hoy se conoce técnicamente como liofilización.
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