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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Gente

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Si por la mañana sufrieron lo suyo a causa de la lluvia, por la tarde las fanfares llenaron la Plaza de la Constitución

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Hacía tiempo que la Semana Grande donostiarra no acogía una gran concentración de fanfares. El hecho de que este año formaciones procedentes de muy diversos lugares se dieran cita en Donostia se había convertido, por lo tanto, en una de las novedades del programa.
Al igual que el resto de las actividades que se desarrollaron a lo largo de la mañana del día de la Virgen, la lluvia deslució la esperada recuperación del Festival de Fanfares, pero no sólo no pudo impedir que se celebrara -en condiciones bastante particulares, hay que decirlo-, sino que, por la tarde, el signo del tiempo cambió y la actuación conjunta que tuvo lugar en la Plaza de la Constitución fue espectacular, por lo menos en lo que respecta a la afluencia del público.
Todo estaba previsto para que a partir de las 12.30 horas El Pendón (Valladolid), Les Marcels (La Romieu-Francia), Los Calamidades (Albacete), Ajódar (Gran Canaria) y los muy donostiarras Bebés de la Bulla desfilaran por el paseo de La Concha y, media hora más tarde, se concentraran en el Boulevard, reuniéndose con los gigantes y cabezudos que, si el tiempo hubiera permitido que se cumpliera la voluntad de la autoridad, estarían igualmente concentrados en aquel lugar.
Pero fanfares y gigantes tuvieron que cambiar de planes a medida que se les venía el cielo encima. Por mucho que los músicos protegieran sus instrumentos y le echaran valor, la fuerte lluvia hacía prácticamente imposible que tocaran y desfilaran a descubierto.
A ninguna de las cinco fanfares se le pasó por la cabeza suspender la actuación, y encontraron refugio en los soportales de la Plaza de Gipuzkoa. El público que les esperaba y les seguía también se acomodó bajo las altas arcadas para disfrutar de la música y, sobre todo, del ambiente que crean estas formaciones dispuestas a reirse de todo, incluso de la lluvia.
Txarangas y/o fanfares (según algunas versiones, las segundas se distinguen de las primeras en que llevan majorettes y tambores, pero en general no parece que haya diferencias significativas) cambiaron por completo el tono de los generalmente serios soportales del Palacio Foral y sus aledaños. Las cinco iban vestidas con atuendos muy vistosos, aunque salta a la vista que ninguna de las visitantes podía competir con los juveniles trajes de Los Bebés de la Bulla. Los franceses, no obstante, ponían en valor su traje asegurando que, con veinte años de historia, era el más «clásico» de todos. Pero hasta en eso les ganaban los donostiarras, con casi treinta años de trayectoria.
Donde no había mucha diferencia era en el repertorio musical, muy parecido en todos los casos: canciones actuales variadas y, en muchos casos, adaptadas por los propios grupos para darles más ritmo. Y tampoco en cuestiones musicales se quedaban atrás Los Bebés, con un músico de la talla de José Luis Ocón a los mandos...
Los Bebés de la Bulla, en cualquier caso, fueron los primeros en llegar al hamaiketako que les habían preparado en los bajos de la Diputación. Allí, era el propio Ocón el que recordaba que «llevamos 28 años en ésto, y nuestro principal cometido es hacérselo pasar muy bien a la gente, tocar y pasarlo muy bien nosotros también». Pese a que las condiciones no eran las idóneas, lo consiguieron, haciendo que la mañana fuera mucho más llevadera para todos.
Los vallisoletanos de El Pendón -que se caracterizan por desfilar con dos baterías móviles y un helicón, instrumento de viento que guarda cierto parecido a la trompa-, estaban encantados con el ambiente. Según señalaba su coordinador, Víctor González, «en Castilla-León no hay mucha actividad de fanfares. A partir de salir nosotros se han animado unos cuantos grupos más, pero no son tan numerosos como en otros lugares». Este año cumplen su vigésimo aniversario y están dispuestos a «pasarlo en grande. Prepararemos algo especial para celebrarlo, pero por supuesto prometemos seguir veinte años más haciendo disfrutar y bailar a todo el que se acerque». Los Calamidades de Albacete trajeron hasta Donostia a 25 personas. Antonio González, músico de la banda, está convencido de que «esto tiene que ser algo vocacional, tienes que disfrutarlo de verdad, y para eso te tiene que gustar».
La penúltima fanfare en llegar hasta el puesto de bocatas fue la de Ajódar, de las Palmas de Gran Canaria. Lorenzo Alemán, componente de la misma, se mostró sorprendido por la acogida de la gente: «No nos esperamos algo así, desde nuestra llegada ayer a la noche la gente se nos acerca y bailan sin parar todos nuestros temas. Temíamos que la gente por aquí arriba fuese más fría, pero para nada, esto es fabuloso y tiene más mérito por el tiempo que hace».
Robert André, músico de la francesa Les Marcels, indicaba que están muy acostumbrados a tocar en el Sur de Francia, en Bélgica y en España, pero que es aquí donde más les cuesta que la gente entienda su música, «música de fiestas francesas y temas de cantantes franceses adaptados por la banda. A veces tenemos miedo de que a la gente no le guste, pero eso no suele ocurrir a menudo. Es muy importante para nosotros».
Tras reponer fuerzas, volvieron a proteger sus instrumentos y a seguir tocando contra viento y chaparrones. Afortunadamente, el cambio del tiempo permitió que la prueba de sketchs que tuvo lugar a las 20.00 horas en la Plaza de la Constitución trascurriera en unas condiciones meteorológicas más que aceptables. Todas las fanfares guardaban en la manga los ases que iban a mostrar al público donostiarra y se lucieron ante una plaza abarrotada y encantada de haberse librado de los chubasqueros y los paraguas.
Hoy, incluso si el tiempo trata de impedirlo, desfilarán a las 18.30 por La Concha y volverán a concentrarse en la Plaza de la Constitución a las 23.30 para despedirse del público donostiarra. ¿Hasta el año que viene?
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