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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Gente

de la ceca a la meca

03.08.08 -

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V iajando por la autopista Roma-Florencia, a unos 70 km al norte de la 'Ciudad Eterna', un indicativo anuncia: «Parco dei Mostri»; parque de los monstruos. A la vista del cartel, cabalmente puede el viajero tomar el desvío pensando que le conducirá hasta un parque con atracciones tipo La casa de los horrores, La guarida del hombre-lobo o Criaturas infiernales. En tal caso se llevará una sorpresa morrocotuda, porque a donde la ruta le lleva es a las puertas de un jardín con casi quinientos años de existencia, uno de los más extraños y desconcertantes que existen en Europa.
Para los buenos aficionados a la lectura Bomarzo no es nombre desconocido. Así se titula una de las grandes obras de la literatura en español, escrita por el argentino de origen vasco Manuel Mujica Láinez, donde se novela la vida de Pierfrancesco Orsini, el creador de este lugar misterioso y fascinante: el Sacro Bosco, ubicado al pie del pueblo de Bomarzo. Entre 1552 y 1583, Orsini dirigió a un equipo de arquitectos y escultores en la construcción de un bosque sagrado en el que plasmó de manera alegórica su filosofía alquímica.
El jardín lo constituyen treinta conjuntos esculpidos in situ sobre enormes bloques de la roca madre que emerge de la tierra. Treinta creaciones extravagantes, fantásticas, sorprendentes que tocan toda la paleta de emociones: terror, regocijo, asombro, estupor, intuición de lo sagrado... Unas imponen por su colosalismo, por su fuerza expresionista como el Desmembratio (un hombre descoyuntando a una mujer), el Elefante, el Dragón, Orco, el ogro que nos devora (en la foto); otros deleitan por su belleza y equilibrio, como la Bona Dea-Gran Madre, la sirena de cola bífida, Perséfone. Y hay conjuntos que aturden los sentidos: la casa inclinada, la terraza de las 1.001 urnas, el abismo, la barca del amor, sin timón porque el amor nunca se deja gobernar...
Pero más allá de los detalles, Bomarzo es una invitación a adentrarse en busca del conocimiento de uno mismo, de nuestras zonas de luz y sombra, un viaje entre roca y vegetal al final del cual nos empapa la sensación de haber rozado el misterio del alma humana, de ser depositarios de un mensaje espiritual proveniente de los siglos.
El Sacro Bosco de Bomarzo permaneció varios siglos enterrado bajo la espesura, hasta que a mediados del siglo XX fue adquirido y restaurado por iniciativa privada. La desgracia es que sus actuales propietarios no parecen muy sensibles a los aspectos más filosóficos del lugar y prefieren promoverlo como un parque de atracciones.
¿Quién es el verdadero monstruo en este Parco dei Mostri?
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