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Cultura

03.08.08 -

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Aquella Concha de Oro en aquel año oscuro
Buñuel y Saura en Donostia.
Buñuel regresaría a San Sebastián en 1977, un año durísimo en todo el país y oscuro para el Festival, zarandeado por vientos de cólera política y de ira social. A Buñuel le homenajearon el año en que triunfó Mihalkov con su Pieza incompleta para piano mecánico y A un dios desconocido, de Chávarri, logró la Perla del Cantábrico mientras las multinacionales torpedeaban la retrospectiva de Pasolini y las Asociaciones de Vecinos ocupaban su puesto dentro del organigrama organizativo en el que destacaba la presencia de creadores como Ruiz Balerdi o Basterretxea. El director del festival, el totémico coleccionista de objetos de cine, editor y mil cosas más Luis Gasca consigue que Buñuel acuda a recoger la Concha de Oro que premia toda su carrera (su última película, Ese oscuro objeto del deseo, con la Molina y la Bouquet, está fechada precisamente en 1977). Será otro aragonés de raza, Carlos Saura, quien le haga entrega del galardón. Curiosamente, ese premio a toda una vida no volvería a ser entregado hasta 2007 y lo recibiría, en jugosa coincidencia, el propio Saura tras la proyección de su Fados.
Temían en aquel 1977 que Don Luis se mostrase huraño. Entre otras cosas porque la sordera suele provocar, en toda lógica, que el caracter se arisque. Sin embargo no hubo nada de eso. Don Luis paseó por San Sebastián, fue saludado por sus admiradores y entró en más de un bar. Como mandaba el guión de su vida y sus gustos. Bien decía él que las tabernas son los lugares ideales para inducir y mantener el ensueño. Alojado en el hotel Costa Vasca (detalle que se supo cuando ya se marchó) no se sabe sí en algún momento pidió un cocktail negroni (Campari, vermouth y ginebra), que él siempre tomaba con el que posiblemente es el vermú más amargo del mundo, Punt e Més, pero sí que en el ambigú del Victoria Eugenia, mientras se proyectaba Ese oscuro objeto del deseo, se tomó un par de bocadillos de chorizo y otro de vinos. Tinto y de Rioja. A Don Luis le habría gustado catar el de su tierra, el de Somontano, pero en el 77 no se estilaba por aquí.
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