Aún con la resaca de una exitosa 43 edición del Jazzaldia, Miguel Martín pasa revista a una semana muy intensa, donde el casi centenar de actuaciones que han llenado los diferentes escenarios habilitados para la ocasión, han contado con el beneplácito del público. Con el tiempo de descanso justo, tanto él como su equipo se ponen ya en marcha para preparar la cita del próximo año. Con la sensación de haber realizado un buen trabajo, es tiempo para hacer un análisis de lo que ha deparado esta edición.
- Por este Jazzaldia '08 han pasado 150.271 espectadores, 15.000 más que en la pasada edición, símbolo inequívoco de que éste goza de buena salud.
- La primera sensación es de éxito. Artísticamente ha sido una edición de grandes nombres, con conciertos a la altura de las expectativas. En cuanto a la asistencia, existe una sensación de satisfacción, es lo que percibimos de la gente. Los diferentes públicos, que son muchos, han tenido su espacio.
- ¿Un momento que le haya satisfecho especialmente?
- Lógicamente, como aficionado que soy, tengo mis gustos, con especial predilección por Kenny Barron, por lo que su concierto está entre mis favoritos. Pero ha habido otros grandes momentos, véase el espectáculo que propuso Steve Coleman, que fue increíble. Tenemos la sensación además, de que los músicos acertaron con una iniciativa difícil como el Bertsoa & Jazza. Los asistentes quedaron convencidos, por lo que no es de extrañar que esta propuesta se incluya dentro de la programación de teatro de otoño o bien de la propia fundación Kursaal.
- ¿Alguna decepción?
- Las cancelaciones de última hora. El festival había apostado fuerte por John Hiatt. Lo sucedido dos días antes de la actuación nos cayó como un jarro de agua fría.
- ¿Lo volverán a intentar?
- Sí, somos lo suficientemente pertinaces como para seguir apostando por John Hiatt o personalidades de este calibre; músicos de trayectoria personal intachable y que, como en el caso del americano, cuenta con una legión de seguidores muy fieles, que evidentemente se vieron decepcionados por su ausencia en esta edición.
- Una propuesta arriesgada, y también novedosa, fue la del tándem Bobby McFerrin-Orfeón Donostiarra, con opiniones dispares entre el público. ¿Cómo lo vivió usted?
- Hay que reconocer que el Orfeón es uno de los grandes coros mundiales, pero que quizás esté muy especializado en lo suyo. Faltó un mayor recorrido entre las dos personalidades. Resultó espectacular en determinados momentos, pero no tuvo una continuidad en la hora y cuarto que duró el concierto. Nos dejaron con las ganas de haber visto a ambos más cercanos en cuanto a comunicación se refiere.
- La incógnita era Liza Minnelli. Convenció y se fue ovacionada.
- La gente comprobó que es una profesional como la copa de un pino, con el repertorio que esperaba escuchar, y con una gran entrega. Dirán de Bruce Springsteen, pero no sudará más que la Minnelli, que aguantó estoicamente con sus cinco operaciones. Simplemente, impresionante.
- Minnelli, Krall, Reeves, Murray, Barron... un cartel de auténtico lujo para una ciudad como San Sebastián, ¿los grandes nombres también se perfilan para la próxima edición?
- Es la tónica de las últimas ediciones. Quizás este año hayamos tirado más la casa por la ventana para, de alguna manera, hacer olvidar la ausencia de la Plaza de la Trinidad, y creo que se ha conseguido, aunque queremos recuperarla cuanto antes.
- ¿Puede ser la edición del 44 Jazzaldia la que devuelva la Plaza Trinidad a la escena donostiarra?
- Eso ya no es cosa nuestra, y realmente, no sé si verdaderamente depende de alguien. Lo único que sabemos es que se están haciendo verdaderos esfuerzos para que esta ausencia sea sólo de un año. Se ha convertido en el espacio ideal para aunar un gran concierto con ambiente distendido, característico en 'La Trini'.
- En una entrevista a este mismo medio habló de la posibilidad de que en el futuro el jazz quedara cubierto por un festival mayor y más abierto a otras músicas. La polémica está servida.
- Hay que entender las cosas tal y como son. Nosotros lanzamos un globo sonda, sin hablar en ningún momento de los contenidos del festival. Era un tema estrictamente de comunicación, de testar opinión. Pero la gente nos ha hecho saber que está cómoda con los contenidos y con el nombre de este Jazzaldia. Como suele decirse, si no está estropeado, no lo arregles.