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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 30 julio 2014

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En nuestro planeta hay un sexto continente que aún está por descubrir. Lo componen la infinidad de cuevas que podemos encontrar en el subsuelo, muchas de las cuales están siendo adaptadas para que cualquier persona pueda conocerlas
27.07.08 -

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Ante las olas de calor que de vez en cuando surgen durante el verano, qué mejor que adentrarse bajo tierra en busca de la agradable temperatura que se encuentran bajo la superficie. De esta forma no sólo nos aislaremos del calor del exterior, sino que también podremos aprender mucho acerca de este «sexto continente por descubrir», como lo define Eneko Agirre, biólogo y gerente de las cuevas de Mendukilo, situadas en Astitz, cerca de Lekunberri. Puede que así sea.
Macizos y sierras como las de Aralar o Aizkorri albergan kilómetros y kilómetros de cuevas, pero aún son poco conocidas porque durante siglos se ha minusvalorado las maravillas que se encuentran en el subsuelo. Esta tendencia ha empezado a cambiar en los últimos años, cuando un buen número de cuevas guipuzcoanas, navarras y de Iparralde han sido acondicionadas para abrirlas al gran público.
«En la Sierra de Aralar existen más de mil cuevas catalogadas, cartografiadas y topografiadas. Esta sierra está hueca por dentro, es como un queso de gruyere», afirma Eneko Agirre. Esto no pasa únicamente en Aralar, puesto que en Aizkorri, donde se encuentran las cuevas de Arrikrutz (Oñati), existen «más de 14 kilómetros de galerías subterráneas. Es el sistema más largo que se conoce en Gipuzkoa», explica Ander Moraza, empleado de las cuevas de Arrikrutz.
La gran cantidad de kilómetros de simas que hay ya no sólo en el mundo, sino en Gipuzkoa y alrededores, viene a constatar el gran desconocimiento que tenemos la gran mayoría acerca del tema subterráneo. Por eso, el objetivo de las cuevas que se abren al público es educar a los visitantes, para que sepan lo que existe bajo el suelo y procuren su conservación. «Nosotros queremos sensibilizarles de las maravillas que guarda el mundo subterráneo, para que la población se de cuenta de que su protección es necesaria», comenta Eneko.
No sólo espeleólogos
Con las cuevas adaptadas a la visita lo que se pretende es que cualquier persona tenga acceso al mundo subterráneo, que hasta ahora era un coto cerrado para los espeleólogos. Aún así, habilitar galerías y salas para todo tipo de visitantes tiene los límites de la conservación del propio entorno natural, tratando de no alterar en poco tiempo lo que tantos años tardó en crearse. «Nosotros enseñamos sólo 500 metros de recorrido, porque para que se pudiesen ver los más de 14 kilómetros de galerías que hay deberíamos romper algunas paredes», asegura Ander.
Lo mismo sucede en Mendukilo: «Tres de las seis salas no pueden verse porque para meter la pasarela flotante hasta allí tendríamos que hacer más grande el hueco de entrada, algo que ni se ha planteado», comenta Amaia Gobillar, guía de la cueva. Al fin y al cabo, en palabras de Eneko Agirre, lo que se pretende al habilitar una cueva por zonas es «tocar una lo mínimo posible, con el objetivo final de proteger las demás».
Pasarela flotante
Como cuenta Eneko, la adaptación de las cuevas para todo tipo de personas nos hace perder la perspectiva de dónde estamos: «Vas por una pasarela flotante, tienes iluminación... a la gente al final se le olvida dónde está. Hay que recordar que en la visita se bajan 40 metros y encima de la sala tienes cientos o miles de toneladas de rocas de piedra». En Arrikrutz, por su parte, en los 500 metros de trayecto «hay un desnivel de 55 metros», apunta Ander Moraza.
Esas alturas se dejan notar cuando toca ascender todas las escaleras que antes habíamos bajado. Harri, un niño de cinco años, reconocía que la subida del tubo de Jentileio -el camino que une dos salas de Mendukilo- se le estaba haciendo dura. «Me están empezando a doler las rodillas», se quejaba a sus aitas. Ander reconoce que el trayecto de Arrikrutz también es bastante duro y que «no es accesible para algunas personas que tienen limitaciones para andar».
En la visita a Mendukilo hay un momento en el que se permanece completamente a oscuras y en silencio, para que los visitantes puedan experimentar cómo viven los murciélagos y los troglobios -parecidos a los insectos, que no ven ni tienen pigmentación-, y lleguen a comprender por qué no necesitan de la vista en su entorno natural. De paso, se conciencian mejor de dónde están. Esta experiencia es la parte de la visita más apreciada por los turistas. «He sentido una sensación de paz y silencio total muy agradable», decía María Dolores Lorenzo, mientras que su acompañante añadía: «Se está mejor abajo que en el suelo». No obstante, esa experiencia no fue satisfactoria para todos, pues Lexuri, una niña de dos años, sintió «miedo».
En Arrikrutz cuentan con otras atracciones para el público. Por ejemplo, una de las cosas que más sorprende a los visitantes son los restos paleontológicos de un león -que por cierto es el único de Europa que se conserva en tan buen estado-, lo que indica que en la antigüedad había leones por Gipuzkoa, algo que cuesta asimilar aun viendo los huesos. Por otra parte, como dice Ander Moraza, también es interesante que al final del recorrido por las cuevas de Oñati «se puede ver el cauce del río que hizo la galería que se está observando. Aldaola, el río que creó dicha galería, cambió de curso y aunque normalmente está seco, cuando llueve se puede llegar a ver su cauce».
Las personas que se animan a acercarse a las cuevas suelen salir contentas, puesto que muchas de ellas «vienen por el boca a boca», declara el gerente de Mendukilo. Así, según Ander, «en Arrikrutz en tan sólo un año hemos recibido 25.000 visitas». En Mendukilo tampoco se quedan atrás y calculan «entre 25.000 y 30.000 visitantes».
Cuevas hermanadas
Cada cueva tiene su encanto y sus características particulares, por lo que en cada visita se vivirá una experiencia diferente. «Las diferentes cuevas no son una competencia para nosotros, sino un complemento», afirma Eneko, y debe de ser verdad, porque las cuevas de Mendukilo, Arrikrutz, Pozalagua, Ikaburu -en Urdax-, Sara y Sorginen leizea -Zugarramurdi- se han hermanado en un iniciativa denominada Subsuelo sin fronteras, por la que los que acudan a alguna de estas cuevas tendrán una rebaja del 20% en las restantes, y si se visitan todas, se recibe un DVD de regalo. De esta manera, los gestores de las cuevas intentan atraer visitantes en temporadas bajas -esta oferta no es válida en verano- y recompensar a los que acuden a menudo a ver simas acondicionadas. «Es una forma de premiar a los turistas interesados en las cuevas», comenta Eneko.
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