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San Sebastián

SAN SEBASTIÁN

26.07.08 -

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P or fin ha surgido a la polémica pública el contenido de una Ordenanza Municipal del Ayuntamiento de San Sebastián. Se trata de la Ordenanza Municipal sobre el Civismo, Reguladora del Uso y la Limpieza de la Vía Pública y la Protección del Paisaje Urbano.
Y la primera pregunta que cabe hacerse es si su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia de Guipúzcoa (el 22 de septiembre de 2004) le ha bastado a nuestros munícipes para creer conocida la norma por todos los ciudadanos. ¿No hubiera sido más adecuado una publicación de su contenido, aunque sea sucinta, en los medios de comunicación? ¿Cuántos donostiarras leen el B.O.G.? ¿Cuántos donostiarras saben que existe tal Ordenanza Municipal, cuyo contenido les obliga? Ciertamente que «la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento», como dice el artículo 6º del Código Civil; pero ya se ponía en tela de juicio la racionalidad de tal norma por Joaquín Costa al recalcar, a finales del siglo XIX, como las leyes se publicaban en la Gaceta de Madrid (hoy Boletín Oficial del Estado), a la que no se tenía acceso en gran parte de España, y una España compuesta además por buen número de analfabetos. ¡Ficciones legales!
Pero volviendo a la Ordenanza Municipal que ahora nos ocupa, me quiero fijar en el precepto que ha suscitado la reciente polémica, precepto que adquiere especial relevancia cuando ha desaparecido del Código Penal el «escándalo público» como delito perseguible penalmente. Se trata del Título I (Comportamiento ciudadano en la vía pública), Capítulo I (Disposiciones generales), artículo 8 (Normas de comportamiento general en la vía pública), párrafo 2: «Nadie puede, con su comportamiento en la vía pública, menospreciar los derechos de las demás personas, ni su libertad de acción, ni ofender las convicciones ni las pautas de convivencia generalmente admitidas, no permitiéndose las actitudes exhibicionistas de los genitales».
Para revisar el alcance de tal norma hay que comenzar por establecer su encuadre: es una norma a tener en cuenta cuando se trata de comportamientos en la «vía pública», es decir en el «camino por donde se transita» y más concretamente «calle, plaza, camino u otro sitio por donde transita o circula el público». (Diccionario de la Real Academia Española, véase vía y vía pública). Por consiguiente, la Ordenanza no establece norma alguna de tipo prohibitivo acerca del comportamiento ciudadano fuera de las vías públicas: por ejemplo, en parques, jardines, montes o playas. Allí cabría incluso la exhibición provocativa de los genitales prohibida en las vías públicas. Y en cuanto al comportamiento en la vía pública, calle, plaza, camino u otro sitio por donde se transita, la Ordenanza Municipal hace una referencia genérica a «no ofender las convicciones ni las pautas de convivencia generalmente admitidas», pero modula tal generalidad poniendo un ejemplo concreto de lo que puede ser ofensivo: una «actitud exhibicionista de los genitales».
Así la norma vigente no prohibe estrictamente la exhibición de los genitales en la vía pública, sino la «actitud exhibicionista de los genitales», que es cosa bien distinta, y ya se sabe que todo lo que no está prohibido es un amplio campo para que cada uno haga lo que le dé la gana. Es decir, en sentido estricto, si un señor, o una señora claro está, va andando tranquilamente por la calle desnudo totalmente, charlando con sus amigos, mirando escaparates, leyendo el periódico o montado en bicicleta (como sucede con frecuencia), nadie le puede decir nada. Y si alguien se atreviese a decirle algo, a molestar a tal paseante, incurriría en responsabilidad, ya que el precepto citado dice que «nadie puede, con su comportamiento en la vía pública, menospreciar los derechos de las demás personas, ni su libertad de acción...».
En estricto derecho vigente las cosas están así. Y en el más puro sentido común todo esto es un disparate. A muchos donostiarras nos gustaría saber, sin tener que acudir a las actas de sesiones del Ayuntamiento, qué opciones políticas, de las representadas en el Ayuntamiento, votaron a favor de estas Ordenanzas. Pero todavía nos gustaría más que se revisasen las mismas haciendo hincapié en una frase de la norma comentada: que nadie puede «ofender las convicciones ni las pautas de convivencia generalmente admitidas» ni en vías públicas, ni en parques, ni en montes, ni en playas, incluso aclarando, en la medida que se estime pertinente, que entre estas convicciones o pautas de convivencia generalmente admitidas no está el enseñar los genitales, provocativamente o no. ¡O señalando zonas concretas donde tales genitales puedan campar a sus anchas!
La revisión de tal Ordenanza Municipal, debiera ser objeto de debate público, e incluso aprovechar para tocar otros preceptos de la misma, como el artículo 13 que prohíbe «jugar en calles y plazas con balones, monopatines, discos voladores y boomerang que entrañen riesgos evidentes a molestias notables para personas y propiedades privadas», y nada dice de la circulación de bicicletas por las aceras... diciendo tan solo que «queda prohibida la circulación en motocicletas y ciclomotores por las plazas peatonales...». ¡Con todo lo que nos venimos gastando los simples peatones en los bidegorris!
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