La traducción de algunos de esos riesgos en cifras no es ninguna broma: entre 70 y 150 personas, la mayoría menores, se ahogan cada verano en playas, ríos y piscinas; las zambullidas imprudentes causan el 6% de todas las lesiones medulares; las consultas médicas por gastroenteritis se cuadruplican... De ahí la necesidad de tomarse en serio las precauciones aconsejadas y hacer realidad el oportuno lema de la Cruz Roja Española, Este verano, quiérete mucho, con el que actualiza su campaña Prevenir es vivir.
Más agua y menos sol
Con el trasfondo dramático de la ola de calor europea que en 2003 se llevó la vida de miles de mayores, sobre todo en Francia, uno de los consejos fundamentales es asegurar una correcta hidratación. Fruto de tal preocupación ha sido el documento de consenso de las cinco principales sociedades científicas españolas que alertan contra la temeraria resistencia de mucha gente a seguir recomendaciones tan básicas para la salud como beber «dos litros de líquidos al día, incluyendo el agua de los alimentos» y «aunque no se tenga sed».
El consejo es aún más importante para embarazadas, madres en fase de lactancia y bebés, así como para la chiquillería, que, como dice Rosario Corio desde Semergen, se deja absorber por el juego y tiene «pereza para ir a beber»; y para las personas mayores, que «tienen disminuida la sensación de sed» y cuyos riñones «se van deteriorando y no filtran igual».
Para compensar la falta de sed en esa edad avanzada, es mejor que beban «agua con frecuencia, en pocas cantidades», y usar como gancho el sabor de otras bebidas con cualidades saludables. Los refrescos no son adecuados para la hidratación, y mucho menos el alcohol. Sí lo son, en cambio, «alimentos ricos en líquido como las gelatinas o la sandía (tiene un 99%), que se puede tomar entre comidas fresquita y en trocitos», así como otras frutas y verduras, zumos naturales y gazpachos.
Pero la deshidratación es solamente uno de los muchos peligros de salud que acechan en el verano. El calor también perjudica la conservación de los alimentos, cuyo consumo en mal estado está en el origen de abundantes intoxicaciones y gastroenteritis. El sol da grandes quebraderos de cabeza sanitarios, lo que denota una insuficiente conciencia popular sobre sus riesgos, que se miden con una resta: cada persona nace con un «capital solar» &ndashmenor en las de piel clara&ndash, del que se van descontando las horas de sol tomadas. La piel tiene «memoria solar», así que la merma es inexorable. La única defensa es un protector con el mayor índice posible, que tendrá su eficacia máxima si se aplica 30 minutos antes de empezar, sobre la piel seca y de forma abundante, y si se repite la operación cada dos horas.
El capítulo de riesgos para la piel incluye las picaduras y mordeduras de múltiples insectos, abejas, avispas y hasta serpientes, y se completa con las agresiones urticantes de las medusas y las llamadas «fragatas portuguesas». También los ojos corren peligro por la intensidad de la luz y la sequedad del ambiente, así como por el cloro de las piscinas. Ni en éstas ni en el mar deben usarse lentes de contacto, que aumentan el riesgo de infecciones y sequedad ocular. Y la pasión infantil por el agua conlleva un serio peligro de otitis, que puede prevenirse con protectores de goma o cera en el oído.







