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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2009

Ciclismo

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El dilema de Bjarne Rijs
C omo diría Jesulín de Ubrique: «En dos palabras, im presionante». Habitualmente opinamos de la etapa con lo visto en las dos últimas horas. Ayer tuvimos la oportunidad de presenciar la jornada entera. Y me encantó. ¡Cuánto movimiento! Gente que a menudo ignoramos merece un reconocimiento. Los ciclistas aprovecharon bien el descanso del lunes. Fue increíble. Prevaleció lo positifo. Etapas como ésta nos permiten olvidar otras situaciones desagradables.
Ganó Dessel y hubo otro vencedor claro, Cadel Evans. Fue un ciclista distinto al del domingo en Prato Nevoso. El australiano no ofreció el mínimo atisbo de debilidad. Pese a la superioridad del CSC como equipo, no ganaron ningún segundo a Evans y, además, perdieron un día. Los segundos que Menchov cedió en el descenso favorecen, sobre todo, al australiano.
Como dice el locutor de Fórmula Uno de Tele 5, «no parpadeen» en la etapa de hoy. Ni pestañeen, añado yo. Si se rompe la barrera consentida que los sprinters imponen en el primer puerto de una etapa reina como la de hoy por miedo al fuera de control, estoy convencido de que vamos a asistir a una jornada épica.
Bjarne Rijs, director del CSC, debe resolver un dilema. No puede mantener juntos a Frank Schleck y Carlos Sastre. No le vale para nada que lleguen en el mismo tiempo o con una ventaja corta sobre Evans. Está obligado a sacrificar a uno de los dos.
Ojo también a lo que haga Menchov. Hasta el momento ha corrido escondido. Ya no le vale.
Augustyn hizo historia en la Bonette. Primero porque un surafricano pasó en cabeza por uno de los puertos más altos de Europa. Su posterior caída me trajo a la mente fotografías antiguas en las que aficionados rescataban a los ciclistas con cuerdas de los barrancos. Casi hace falta un equipo de zapadores para recuperarlo.
Para que luego critiquen la llegada de Orio de la Vuelta al País Vasco. La de ayer se las traía. Y eso que el suelo estaba seco.

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