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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2009

Alto Urola

URRETXU

Ubicado en las faldas del monte Irimo, junto al área de esparcimiento de Santa Bárbara, ofrece al visitante un paseo por el mundo de la apicultura que sorprende a todos
20.07.08 -

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DV. El 27 de septiembre del año pasado Aikur, el museo de las abejas, reabría sus instalaciones y tras un periodo de obras mostraba su metamorfosis, con nuevas salas y un edificio de tres plantas más adosado al inicial, que venía funcionando desde el curso 1995-96 en que comenzó su andadura.
Al frente del proyecto está el matrimonio formado por Josune Epelde Oruesagasti y Elías Otegi Mantxola. El objetivo inicial era bien sencillo, la afición a la apicultura crecía y su actividad generó la necesidad de dar cabida a esa expansión con un almacén, lugar donde comenzar a divulgar todo lo referente a la vida y productos de las abejas.
En septiembre hará un año de su reinauguración y hoy en día viene a ser uno de los lugares de interpretación temática y consistencia en la comarca.
Cada vez es mayor el número de visitantes que se acercan a Aikur, donde se puede aprender mucho sobre una práctica que ya llevaban a cabo los egipcios incluso como aplicación médica.
Sobre el ciclo de vida de una abeja existe todo un recorrido virtual que nos lleva en un recorrido por la historia, los métodos, los productos, las aplicaciones, creencias y curiosidades. Aikur da al visitante un paseo ameno y entretenido desde el nivel más básico hasta el del conocimiento más exigente. Muchos años de experiencia entremezclan pasión y profesionalidad, lo que resulta una garantía.
Como en una colmena
Acudir a visitar el museo de las abejas Aikur supone introducirse virtualmente en el interior de una colmena, conociendo cómo se organizan, en vivo y en directo; cómo ven las abejas y cómo vemos nosotros; cuál es su leguaje para comunicarse; que productos trabajan, de dónde los obtienen y para qué los emplean ellas; cómo nos beneficiamos nosotros de sus productos y cómo se emplean en nuestra sociedad; cómo ha evolucionado la relación entre el hombre y las abejas en todas las culturas y en la nuestra a lo largo de la historia y por su puesto, cómo se trabaja hoy en día en la apicultura moderna.
Tal vez nuestra especie se haya alejado tanto de la naturaleza, que le resulta cada vez más difícil comprender lo sabia que esta es. Un valle como el nuestro que tiene colgado el calificativo del más contaminado de Gipuzkoa podría sorprenderse si les decimos que las abejas son unos bioindicadores ambientales de primer orden.
En su recolección por campos y poblaciones regresan a la colmena con una muestra exacta del medio. Análisis recientes empiezan a aportar información sobre el grado de contaminación. De hecho, en algunos lugares se las emplea como centinelas medioambientales por medio de pequeñas colmenas con protocolos muy especializados.
Su labor de polinización es transcendental en el desarrollo de las plantas. Las abejas son las mejores en eso, pues su método es unidireccional, cuando elige una especie irá llevando el polen sin cambiar de especie.
Organización
Elías y Josune lanzan una pregunta: ¿cómo viven 60.000 individuos a oscuras dentro de una columna? Es una cuestión que atrae mucho al visitante, que se cuestiona: 'les ves entrar y salir, ¿pero qué demontre pasa dentro?'.
Su cohesión es total, gracias a un olor que trasmite la abeja reina; cuentan con un sistema de comunicación continuo y exacto cuando una abeja llega con polen, agua o néctar, comunica al resto, a través de una danza con referencia al sol, dónde se encuentra el punto de obtención.
Los trabajos se distribuyen en función de la edad. Hasta su muerte, cosa que ocurre hacia los 40 días de su nacimiento, siguen estos pasos: recién nacidas se dedican a limpiar la colmena; a los 3 ó 4 días comienzan a alimentar las larvas; hacia los 12 días, si se necesita construir un panel segregan cera de su cuerpo; a partir de los 20 días hacen servicio de guardia cuidando de la colmena y a traer el alimento que consistirá en miel, polen y agua. Su radio de acción habitual estará entre 3 y 5 kilómetros entorno a la colmena, trabajando de sol a sol.
La abeja reina tiene dos funciones esenciales: poner entre 2000 y 2500 huevos diarios en verano y mantener cohesionado el enjambre con el olor de su feromona glandular. Las obreras se dedican a limpiar, segregar cera, alimentar, vigilar la colmena y trabajos de exterior. Los zánganos esencialmente han de fecundar a las reinas vírgenes en un acto de abnegación total, pues al hacerlo pierden la vida instantáneamente.
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