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RSS | ed. impresa | Regístrate | 30 agosto 2008

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Arantza Ramos

Joven de gran proyección, la vizcaína acude a su segunda cita olímpica para representar a España en la prueba de 4x200 libres, en la que logró un diploma en los Juegos de Atenas, con sólo 16 años

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Una esclava del tiempo
Arantza Ramos vive, estudia y entrena en el Centro de Alto Rendimiento catalán desde hace tres años. / VICENS GIMÉNEZ
El reloj marca su vida. Tic-tac. Tic-tac. Tic: su rutina diaria, que comienza a eso de las siete de la mañana, se encuentra pautada, milimetrada, sin casi un instante para la improvisación. Tac: sus éxitos deportivos y esas marcas necesarias para colarse en una gran competición, como los Juegos Olímpicos de Pekín, dependen de un segundo, de una décima, incluso de una centésima. Arantza Ramos (Barakaldo, 9-9-1988) es una esclava del tiempo. Su historia gira en torno a los dígitos de los modernos cronómetros Omega, esos que miden los resultados de los nadadores en las pruebas.
Uno de estos deslumbrantes artilugios certificó en el Mundial de Melbourne, el 29 de marzo de 2007, que el relevo 4x200 metros libres español hacía los deberes y recaudaba la mínima exigida para acudir a la cita china. Ahí, en Australia, en ese grupo de cuatro mujeres, estaba Arantza. Y el próximo 13 de agosto, la ondina baracaldesa, a sus 20 años, se subirá al poyete de salida del Centro Acuático Nacional para representar a la selección, tras ser convocada por Mauricio Coconi, director técnico. Ese día volverá a sentir, como ya lo hizo en Atenas hace cuatro años, el particular y emocionante roce del agua olímpica en su cara. «Es lo máximo, el sueño de cualquier deportista. Es la recompensa a un gran esfuerzo», se sincera esta joven con gran proyección.
Su voz delata emoción. Ilusión por hacer un gran papel. «¿Ganar una medalla? Buff... Me conformo con meternos en la final, conseguir otro diploma olímpico, como en Atenas -acabaron sextas-». Su tono también denota cierto cansancio, producto de las interminables sesiones de entrenamiento para poner a punto la maquinaria. Ahora, en una fase en la que se ha bajado el ritmo de preparación, el despertador de su habitación del Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat ruge a las 7. Cuarenta y cinco minutos más tarde ya está en la piscina, donde invierte alrededor de tres horas. Después, visita al fisioterapeuta, paladea con intensidad sus segundos de ocio, repone fuerzas -«como de todo, no hay problema», puntualiza-, descansa o estudia. Y vuelve a la pileta, sobre las siete de la tarde. «Estamos en una fase de menor intensidad. Ya no metemos tantas horas».
Eso fue antes. Sesiones extenuantes tanto en la piscina como el gimnasio -«no es que lo odie, pero no me gusta»-, días de encierro, jornadas de una vida casi monacal. Ocurrió, por ejemplo, hace dos meses en el CAR de Sierra Nevada. «Estuvimos tres semanas y se hace larguísimo. Todo el día con los mismos, hablando de lo mismo... ¡Qué agobio! No puedo. Me sacas de mi rutina y lo paso fatal», admite Ramos, que este lunes 21 parte con el resto de la selección hacia Japón. Con un doble objetivo, en el que, de nuevo, surge el reloj. El tiempo. Tic-tac.
Finales por la mañana
Aclimatarse, por un lado, a las siete horas de diferencia entre España y China. Amoldarse, del mismo modo, a disputar las finales por la mañana, en lugar de a la tarde, como suele ser habitual. «Normalmente me levanto muy despierta», resalta la vizcaína, con porte atlético, cuerpo trabajado. Y acepta que le recorre ese «gusanillo» del nerviosismo previo a toda gran competición.
Eso a pesar de que Arantza Ramos luce un respetable palmarés con oros en campeonatos de España, una plata en los Juegos Mediterráneos, varios récords de España en las diferentes edades... Todo fruto del esfuerzo, de pasar horas y horas en el agua. A remojo. Desde los ocho años, cuando se enroló en las filas del Club Natación Barakaldo. Lejos de razones extrañas, su afición por la natación brotó de una forma muy simple. Sin más. «Iba al colegio la Siebe, en Cruces. Hacíamos cursillos de natación. Y me gustó», recuerda. Conserva un buen recuerdo de su paso por la prolífica cantera fabril dirigida por Jesús de la Fuente. Aunque sufrió. «Fue duro. De verdad. Salía de la piscina de noche, muy cansada, con mucho frío... Llegaba tarde a casa...», evoca.
Se formó allí seis años. Hasta los catorce. Su estilo, su talento, lo rápido que paraba el cronómetro en la pileta, llamaron la atención. Y se marchó a Orense. Estuvo un año. Tiempo suficiente para construir su mejor experiencia: conseguir la acreditación para los Juegos de Atenas. «Fue un paso muy importante. No sabía nada, ni la mínima que había que hacer, ni el tiempo que había hecho... Sólo que había ido muy rápido. Entonces dijeron por megafonía: 'La nadadora Arantza Ramos ha conseguido la mínima olímpica'. Fue un subidón impresionante», se emociona esta estudiante de Segundo de Bachillerato: «Me quedan cuatro asignaturas para el próximo año...».
-No me dirá que odia las matemáticas.
-¡¡¡Por supuesto!!!
-¿Y cuando apruebe?
-Me gustaría ser protectora de animales marinos. El agua es mi vida.
Y buscó la costa. Dejó Orense, entrenada por Carlos Carnero, y se dirigió a Valencia - «allí aprobé cuarto de ESO limpio», se enorgullece-, y hace tres ingresó en el CAR de San Cugat. «Se me hace muy difícil tanto cambio. Estás fuera de casa... Conoces gente, sí, pero tampoco tienes tiempo para tener amigos. La competición te exige estas cosas», asume Ramos, que ocupa sus mínimos periodos de asueto con el ordenador, la televisión y la lectura. «El último que me he leído es el de 'El niño con el pijama de rayas'. Me gustó mucho», aconseja esta risueña nadadora del CN Sabadell. Y cuando ese espacio de relax se prolonga regresa a Cruces, a su barrio, con su gente. «Sólo lo hago cada dos o tres meses», lamenta.
Pero ya no hay espacio para la nostalgia. Las manecillas del reloj conducen hacia Pekín. Competirá en 4x200 libres, pero se quedó a un paso, a dos décimas, a un tic, de obtener la mínima para disputar los 400 libres. «Me sacaré la espinita con el relevo», se consuela. Esclava del tiempo. Tic-tac.
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