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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 septiembre 2008

Cultura

CULTURA

El 'Boss' volvió a ofrecer un concierto memorable con un repertorio en el que brillaron 'The river' y 'Jungleland' El rockero cierra en la capital catalana el 'Magic Tour'
19.07.08 -

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Springsteen actúa en Barcelona hoy y mañana tras arrasar también en Madrid
El , en Madrid. /EFE
Bruce Springsteen rugió la historia del rock and roll en la noche del jueves en Madrid y le robó el aliento a las 60.000 almas congregadas en el estadio Santiago Bernabéu. Fue durante un concierto de tres horas, intenso, electrizante, en el que recorrió de norte a sur más de 35 años de carrera, junto a los músicos con los que ha envejecido sobre el escenario, la E Street Band.
Springsteen, que llegó a Madrid horas antes del concierto y procedente de San Sebastián, actuará hoy y mañana en el Nou Camp de Barcelona, ante cerca de 140.000 personas.
A sus 58 años el Boss no dio muestras de flaqueza y sometió a su feliz audiencia a una dura prueba de resistencia. Springsteen no venía a cumplir, llegó a renovar el pacto de sangre que selló hace veinte años en su primera visita a Madrid. Y vaya si lo consiguió. Fue un concierto irrepetible, como todos los de esta gira, en la que cada noche va cambiando el repertorio, da igual en qué lugar sea el concierto.
En el Bernabéu abrió pasadas las diez de la noche con Night, uno de los temas menos conocidos de unos de sus álbumes más célebres, Born to run. No faltaron los grandes éxitos, claro, pero en Madrid brillaron especialmente canciones poco habituales, rarezas como Trapped o la celebradísima Out in the street, de The River, y una magistral Spirit in the night, en la que el Boss se lanzó desde el escenario hacia su público, como hacía en los conciertos de los setenta.
Springsteen soltó una descarga de energía nada más salir a escena. Encadenó «Radio nowhere» con Lonesone day, The promised land y una demoledora versión de Summertime blues, de Eddie Cochran. Después de darse aire con un abanico que le entregó un espectador, tuvo tiempo ya de saludar, en español, - «Hola, Madrid. Es genial estar de vuelta con mis amigos»- y felicitar a «los campeones de la selección española».
En sus excursiones a las primeras filas de la pista recogió carteles con peticiones de canciones. Entre ellas eligió Brilliant disguise -con beso final a su chica, la vocalista Patti Scialfa- y Cover me, y no se puede decir que fueran malas elecciones. Al fondo del escenario, Max Weinberg volvió a impartir una clase magistral, marcando las pulsaciones del concierto. Este hombre tiene cara de no haber roto un plato en su vida, pero si en vez de tambores aporreara un yunque saltarían herraduras.
Momentos para todos
Casi todos los miembros de la banda tuvieron su momento en la noche. Clarence Clemons parecía rejuvenecer cuando se apoderaba de los focos con su saxo y Nils Lofgren se marcó uno de los solos de guitarra más largos en Because the night.
Luego sonó The river y el público se emocionó con la intensidad con la que cantó Springsteen. Los bises se abrieron con una memorable versión de Jungleland. Aún quedaba otra descarga de rock con Born to run, Bobby Jean y Dancing in the dark, tema en el que una afortunada fue invitada a bailar en el escenario. Cuando acabaron de sonar American land y una extensa versión del clásico Twist and shout era ya cerca de la una de la madrugada. EFE
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